miércoles, septiembre 14, 2011

Héroes de La Pirraya

Miguel Huezo Mixco

La posguerra salvadoreña tiene un antes y un después. La línea divisoria está marcada por un evento: la llegada a semifinales de la selección salvadoreña de fútbol de playa. No recuerdo un acontecimiento que haya producido tanta euforia como la victoria de los muchachos de La Pirraya, o que alguien me corrija.

A este país le ha costado mucho encontrar razones para tener ilusiones. No solo nos ha faltado creatividad para encontrarle rumbo al país, sino que también no hemos sido capaces de encarar ni siquiera nuestro pasado. La presente celebración del bicentenario “en poco difiere de los panfletos amarillentos que nos describen las ceremonias y discursos de las celebraciones del centenario”. No lo digo yo, sino un respetable grupo de historiadores: Carlos Gregorio López, Sajid Herrera, Héctor Lindo Fuentes y Rafael Guido Vejar.

Ellos dicen, con razón, que ahora sabemos más sobre los acontecimientos del 5 de noviembre de 1811, pero que las entidades públicas y privadas están celebrando la fecha con un atraso de cien años. Habría que añadir que conocer el pasado no es solo tener mejor información sobre lo que ocurrió hace dos siglos, sino también extraer lecciones sobre lo que, como sociedad, hemos hecho y, sobre todo, por qué lo hicimos de esa manera.

Por ejemplo, la historia debiera ayudarnos a entender cómo fue que los pobres se terminaron haciendo cargo del país. Entre los más favorecidos del país existe un rito de paso mediante el cual los jóvenes, de ambos sexos, al terminar sus estudios secundarios, se largan al extranjero, a estudiar y a olvidarse de su país. El Salvador, en los últimos 20 años, ha sobrevivido gracias al dinero que mandan los que tuvieron que irse para encontrar una vida mejor. Si queremos encontrar modelos de patriotismo no necesitamos remontarnos doscientos años atrás.

Los migrantes no hacen retórica: actúan. De acuerdo con las estadísticas del Banco Central de Reserva, entre 1997 y 2009 ellos inyectaron más de 31 mil millones de dólares a la economía salvadoreña. Nadie ha soltado tanta plata para que este país a la deriva se mantenga a flote.

El triunfo de la selección de playa es uno de los pocos acontecimientos que, en los últimos años, han electrizado de alegría a este país. A riesgo de que alguien diga que estoy alentando el odio de clases, aquello fue posible por los pobres. Por si hiciera falta añadirle simbolismo al evento, recordemos que estos deportistas juegan descalzos. Su coraje y comportamiento profesional han dejado al país con la boca abierta.

Desde su triunfo en Rávena, no solo los italianos, sino también muchísimos compatriotas, han tecleado en sus computadoras buscando La Pirraya, la isla de donde son originarios estos pescadores, un lugar que no está muy lejos de donde, hace solo unos días, el expresidente Lula da Silvia lanzó el programa Territorios de Progreso.

Ojalá que el triunfo de la selección de playa sea interpretado por los tomadores de decisiones políticas como un signo de que deben volver sus ojos, no solo hacia el fútbol, sino hacia ese tesoro escondido que es la Bahía de Jiquilisco. Para evitar que sea depredado y saqueado. Para convertirlo en un símbolo de que sí se puede. La mayor hazaña de los Héroes de La Pirraya no consistió solo en colocarse entre los cuatro mejores equipos del mundo en esa disciplina, sino en que le dieron al país una cucharada de ilusión. Hasta las estupideces de algunos personajes se vieron con condescendencia. El país experimentó un extraño y olvidado sentimiento de hermandad que, la verdad, terminó demasiado pronto.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 15 de septiembre de 2011)

Imagen: Frank Velásquez, goleador.

1 comentario:

  1. La verdad, me dan ganas de llorar al leer sus palabras, Miguel; quizás haya un poco de alegría y quizás un poco de tristeza mezcladas. Sentimientos encontrados en este país de aberrantes contrastes.

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