miércoles, agosto 06, 2008

¿Por qué no hablar de política?

María Tenorio

¿Es usted de esas personas que pasan por encima las primeras páginas de los periódicos y se detienen, por primera vez, hasta que ven las ofertas de los súperes? O, incluso más, ¿usted comienza a leer los periódicos por en medio o por atrás, en busca de las notas sobre los artistas de cine y las páginas culturales? ¿Le interesa más conocer el último proyecto de Gael García Bernal que saber si Arturo Zablah va o no va en la fórmula con Ávila, o si Funes participó en la Bajada del Salvador del Mundo en Los Ángeles, California?

Le confieso que soy una de esas personas que daría una respuesta afirmativa a las preguntas arriba formuladas. Si fueran parte de un cuestionario yo respondería "casi siempre" a todas ellas. La política --esa que llena las primeras páginas de los periódicos, los primeros minutos de los noticieros, los espacios de opinión de la mayoría de columnistas y analistas, las conversaciones de un montón de gente seria y no tan seria-- no me interesa. Escasamente hablo o sé sobre ella... a menos que me vea obligada a hacerlo por razones laborales.

¿Por qué no hablar de política? Porque hay cientos de temas mucho más interesantes para una conversación con el prójimo o conmigo misma. El accidente de Álvaro Torres en Chalatenango, las películas que no están dando en el cine, la representación del rey Lear que recién terminó en el Poma, el abuso de la música a-todo-volumen para atraer compradores en cierto tipo de almacenes, el insomnio de Jacinta Escudos, la moda Emo entre los adolescentes, los múltiples usos de los blogs o lo extraño que han caído estas vacaciones de agosto... ¿ya sabe usted que el gobierno regresa a trabajar el jueves 7 y no el lunes 11?

Mi profesora de "Idioma Nacional" en sexto grado, doña Mati de Aguilar, nos enseñó con su gutural voz de recitadora que "de política y de religión no se debe hablar en reunión". Su argumento era que, en las dos materias, cada persona tenía su propia posición y no podía asumir que los demás pensaran o creyeran como ella. Además, una reunión social no debe convertirse en terreno de lucha para ganar prosélitos. Los políticos y los religiosos eran temas, sigo citando lo que recuerdo de doña Mati, que podían despertar pasiones y generar desagradables polémicas. No se debía hablar sobre estos asuntos, pues, más allá de la intimidad... del hogar o de la propia subjetividad.

Los que se apasionan por la política y gustan de comentar sobre el chambre que nutre los distintos medios de comunicación día a día me dirán que doña Mati andaba errada, que aquellos eran otros tiempos --los ochentas, por cierto-- y que la política no solo es interesantísima, sino también fundamental para la vida del país y del mundo. Ciertamente, tienen razón. Sin embargo, también la tengo yo que he hecho de la política un espacio de no-consumo, así como tampoco compro películas pirateadas, música en inglés ni veo televisión (todo lo anterior, salvo de manera excepcional).

No hablar de política no significa, en mi caso, carecer de una posición ciudadana frente a los asuntos de la cosa pública. Ejerzo el derecho al voto desde hace veinte años y espero hacerlo una vez más el año próximo, aunque no sepa en qué fecha exacta serán las elecciones. Pero podría pasar por debajo de agua todos estos meses, sin enterarme sobre lo que hacen o dejan de hacer Rodrigo o Mauricio, las fotos que se toman o dejar de tomar, los amigos con quienes se juntan o se dejan de ver. Demasiada anécdota, demasiado enredo, demasiada información para mi gusto. Me marea.

A veces pienso, en el fondo, que confío en la incipiente democracia del país funciona y seguirá funcionando... o, simplemente, que la vida sigue y se mueve con independencia de los tejes y manejes de ese enrevesado asunto que da de comer a los medios de comunicación.

4 comentarios:

  1. Anónimo9:23 a. m.

    pues que de política y de religión no se habla, porque no hay preparación para hacerlo
    recordemos que los griegos sí lo hacían (y más de a alguno le costó la vida) pero lo hacían con altura, con conocimiento de causa, no como nosotros que paramos siempre pegándonos de botellazos o insultando al otro por ser tan idiota de no darse cuenta de que yo tengo la razón...
    y particularmente en El Salvador, tan polarizado, tan lleno aún de tabúes con repecto a la política... qué difícil se hace sostener una discusión, y los argumentos son siempre los mismos, invariables desde 1978...

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  2. Anónimo4:46 a. m.

    Aunque entiendo tus argumentos, querida María, no estoy de acuerdo con ellos ni con los de tu seguramente tan sabia profesora de primaria... más de acuerdo estoy con el anterior comentario del anterior "anónimo". Al fin y al cabo, la política, es el arte de saber vivir en la "polis", de la vida en sí... y todo es política, incluidas tus tomas de postura ante el cine, la televisión o la música...

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  3. Anónimo4:17 p. m.

    Saludos, Maria me gustaría contar contigo en un grupo que tenemos en facebook, mi nombre es Juan Manuel León Fumero, coordinador de un grupo que se llama "Odio los que hablan de política los sábados por la noche", estaría encantado de contar con tu presencia en dicho foro. No dudes en agregarme si tienes cuenta en facebook, me encontrarás en www.facebook.com/juanmanuelleonfumero
    Un abrazo amiga

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  4. Anónimo6:44 p. m.

    POR QUE SI HABLAR DE POLITICA

    Como veo que separas artes de política una pequeña anotación histórica:

    Ya en el siglo VI a.c en Atenas, existía el Diagogos (ocio elegante u ocio noble)que consistía en cultivar la poesía, cultivar el arte de la política, la filosofía, el debate, la discusión, etc.

    Los sofistas enseñaban filosofía en las escuelas para entender y política para defender su papel en la sociedad.

    En cuanto al teatro desde sus inicios sirvió básicamente a la política. Los tiranos de los siglos VI y VII a.C habían utilizado poesía para comunicarse con sus súbditos. en el s.V el teatro florece de la mano de la política con el interés de desafiar el orden social existente, atrayendo por esto al público y siendo el teatro donde todas las clases sociales puedan participar.

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