miércoles, agosto 01, 2012

Un artista del hambre



Miguel Huezo Mixco

La idea de un florecimiento literario en la posguerra se ha convertido en una fuente de desilusión. No solo para los escritores; aparentemente también para los lectores. Una nota en el periódico La Página (14 de enero) y una conversación entre artistas y gestores culturales en la radio 102.9 (27 de julio) hicieron un repaso de frustraciones.

Estas expresiones no son nuevas. Crecimos escuchándolas. Cuando llegó la paz se pensó que ya no habría excusas. Pero las cosas no ocurrieron como se esperaban. Salvo algunos destellos de entusiasmo, en las dos últimas décadas entre muchos escritores y artistas se han redoblado los sentimientos de desencanto.

Creo que necesitamos comenzar a cambiar ese enfoque. En esta columna propongo tres perspectivas relacionadas con: (1) la condición de “minoridad” autoasumida por los escritores en la sociedad; (2) el desencuentro fatal entre la oferta y la demanda literaria; (3) y el desarrollo de las capacidades y la profesionalización de los escritores. A menos que queramos seguir viviendo la suerte del “artista del hambre”, necesitamos hablar de estas cosas. Podría ayudarnos a comprender por qué estamos como estamos.

1. La condición de “minoridad”. En muchos escritores pervive la idea de que nacieron incapacitados para realizar actos de la vida civil y que el Estado debe hacerse cargo de sufragarles una vida que creen destinada a tareas más elevadas. Una de las quejas más reiteradas es que en este país no es posible vivir de la literatura... Aunque la historia universal prueba que grandes escritores se emplearon en oficios diversos, ajenos a la escritura, y que solo un grupo muy reducido ha podido dedicarse a la escritura a tiempo completo.

2. Es verdad que las condiciones que enfrenta un escritor en El Salvador son muy desventajosas. Casi no hay editoriales, es verdad, y la comercialización de los libros es una pesadilla. El sueño de mirar el nombre propio en las vitrinas raramente se cumple. ¿Por qué nos pasa esto? ¿El librero y el lector son los culpables? Es posible, pero creo que hay un tercer “culpable” en juego que se niega a admitir que existe un trágico desencuentro entre su oferta y la demanda. A menudo se dice que el escritor no debe escribir pensando en el mercado, pero el reproche a la falta de promoción y venta de nuestros libros contiene un reclamo por una mayor atención de parte de este.

3. Uso de capacidades desarrolladas. Un estudio todavía inédito de la Fundación Accesarte revela que los escritores salvadoreños vivos que gozan de reconocimiento han cursado estudios por encima del promedio nacional (seis años de escolaridad), y una porción importante tiene títulos académicos en áreas relacionadas con la escritura. Desafortunadamente no existe una sola escuela formal que se especialice en escritura creativa. La inmensa mayoría somos escritores autodidactas. Es verdad que el talento no se adquiere con una especialización, y de ello hay ejemplos abundantes, pero no me cabe duda de que muchos de nuestros libros podrían mejorar notablemente, y tener más atención del público, si mediara el conocimiento de la técnica.

Kafka dejó escrito un relato sobre la decadencia y muerte de un artista cuyo número consiste en mostrarse al público en un ayuno permanente. Pese a su coraje y valentía aquel “artista del hambre” vivió en su jaula, infeliz e ignorado por el público. Cuando uno de los administradores del circo le preguntó por qué se obstinaba en pasar hambre, su respuesta fue que nunca encontró una comida que le gustara, y murió.

Publicado en La Prensa Gráfica, 2 de agosto de 2012.

Ilustración: Franz Kafka (autor no identificado)

1 comentario:

  1. Anónimo11:11 a. m.

    El artista de la ilustración es Robert Crumb.

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