miércoles, agosto 15, 2012

Gráfica de Toño Salazar

Miguel Huezo Mixco

Toño Salazar es reconocido como un sobresaliente caricaturista. Numerosos artistas e intelectuales influyentes del siglo XX fueron retratados por su lápiz. Poco se conoce, sin embargo, sobre su fecunda faceta de viñetista e ilustrador.

El Centro Cultural de España (CCESV) inauguró este martes 14 de agosto la exposición “Gráfica de Toño Salazar”. La muestra recoge una parte de su trabajo como adaptador e ilustrador de cuentos infantiles. La exposición nos revela una línea y estilo distintos a todo lo que hasta ahora se había conocido de Salazar. Nunca antes se había realizado algo similar sobre este artista.

Si bien el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) realizó en 2003 una muestra de las ilustraciones que Salazar produjo, pero que nunca publicó, para Don Quijote de la Mancha, la novedad de la exposición en el CCESV consiste en un acercamiento inédito a sus creaciones relacionadas con obras literarias destinadas al público infantil.

Salazar realizó esos dibujos entre los años 1932 y 1938, cuando trabajaba como parte de la planilla del diario La Prensa, de Buenos Aires. Su actividad está relacionada con una ola mundial y latinoamericana, que tuvo lugar en las primeras décadas del siglo XX, destinada a atender al público infantil como un segmento etario, social y de mercado.

 Las raíces de los libros para niños y niñas se encuentran en los autores del Renacimiento que abrevaron de la tradición oral para crear narraciones como "La cenicienta" o "El gato con botas", que con el paso del tiempo constituyeron la materia prima de la literatura infantil. En los siglos XVII y XVIII emergió una literatura de corte moralista, destinada a los pequeños, que tiene uno de sus principales exponentes en las “Fábulas” de La Fontaine.

Fue hasta el siglo XX que la literatura infantil propulsó una industria editorial autónoma. Numerosas empresas editoriales realizaron importantes inversiones de recursos y talento para cortejar al público infantil. Aquellos libros alcanzaron importancia pedagógica, social y política.

Es en ese contexto que debemos situar el trabajo de Salazar en La Prensa. El salvadoreño comenzó la serie en 1932, cuando aún vivía en París, y la continuó cuando fijó su residencia en Buenos Aires. Sus trabajos se publicaban los días domingos en planas completas, a todo color. Sus fuentes principales fueron el viejo folclore europeo, la literatura japonesa y del Oriente Medio. Salazar también publicó narraciones de su propia inspiración.

El Archivo Toño Salazar, propiedad de sus herederas y custodiado por Gloria de Santos, conserva únicamente nueve planas, pero es probable que se publicaran más. La exposición en el CCESV incluye, además, las ilustraciones realizadas por Salazar para la edición infantil de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, de Editorial Sudamericana, en adaptación de A. Guillot Muñoz.

El título de “caricaturista”, que Toño llevaba con orgullo, no da cuenta de toda la riqueza de su lápiz. Sus trabajos no publicados para “Don Quijote” y  “La isla del tesoro”, que realizó por encargo de la editorial VIAU, colocan a Salazar entre los grandes ilustradores del siglo XX.

La museografía de “Gráfica de Toño Salazar”, concebida por el artista Antonio Romero, no recurre al convencionalismo de imágenes enmarcadas. Junto a una proyección de vídeo se reproducen, usando vinilo y tiza, imágenes de gran formato que producen al visitante la sensación de estar dentro de un página aumentada.

Salazar cumplió 25 años de fallecido el pasado 31 de diciembre. La muestra sirve para rendirle homenaje y renovar la atención a su obra.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 16 de agosto de 2012)


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