miércoles, julio 20, 2011

Fusilar a un magistrado

Miguel Huezo Mixco

El 3 de agosto de 1863, en la plaza Santo Domingo (hoy plaza Barrios), en San Salvador, fue pasado por las armas Manuel Suárez, Primer Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Suárez fue llevado frente al pelotón de fusilamiento por órdenes del entonces presidente, el Capitán General Gerardo Barrios. La locura de Barrios es una estampa que merece ser recordada en ocasión del “bicentenario”.

Para el historiador Gilberto Aguilar Avilés (“Historia de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador”, 2000) aquella ejecución fue el punto culminante de la pugna de Barrios contra el Poder Judicial, que incluyó una “sañuda persecusión” contra Anselmo Paiz, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, por oponerse a las arbitrariedades del mandatario.

“Pocos personajes desearon tanto el poder político como el general Gerardo Barrios”, sentencia Aguilar Avilés. Peor que Barrios solo Hernández Martínez, digo yo. A su lado, todos los que les han seguido, hasta los más ambiciosos, parecen aprendices. La correspondencia de Barrios, amontonada en el Archivo Nacional, si se estudiara, quizás podría darnos una pista sobre la patología por el poder que suele aquejar a nuestros dirigentes.

Barrios ha pasado a la historia como defensor de la unión de Centroamérica. Se le atribuye, inclusive, la introducción en El Salvador del cultivo del café. La gratitud nacional hacia Barrios se expresa no solo en su escultura ecuestre, instalada en la plaza que ostenta su nombre, sino por el prominente papel que se le otorga en el rumbo que tomó el país desde finales del siglo XIX.

La cultura política salvadoreña se entiende mejor cuando uno cae en la cuenta de que la Escuela Militar lleva el nombre de Barrios y el Museo Nacional el del racista David J. Guzmán. Muchas de las figuras que engalanan nuestras efemérides convirtieron a El Salvador en una sociedad bipolar, intrigante y violenta.

Ítalo López Vallecillos (“Gerardo Barrios y su tiempo”, 1967) describió al Capitán General como alguien que adoraba los trajes entorchados (bordados de oro o plata), cojo, bajito, moreno y de espalda ancha. Este “enano despótico”, como se le llama en voz baja en algunos círculos de historiadores, intrigó contra los presidentes Rafael Campo y Miguel Santín. El novelista Carlos Castro, en su “Libro de los desvaríos”, lo sitúa como descendiente de una familia de militantes jacobinos. En pocos años mandó a la muerte a millares de hombres en su infructuosa guerra contra el guatemalteco Rafael Carrera.

Según Aguilar Avilés, las interferencias de Barrios contra la Corte fueron graves. Como ya se ha referido, no solo le hizo la vida imposible a Anselmo Paiz. Dos magistrados fueron detenidos en San Vicente, en 1858, por el entonces Senador Presidente, para forzarlos a tomar la ciudad de San Salvador como sede del máximo tribunal; y en 1863, mientras las tropas de Carrera marchaban sobre territorio salvadoreño, Barrios fusiló, sin juicio formal, al magistrado Suárez.

Suárez había sido seguidor de Barrios, pero cuando la derrota del Capitán General parecía inminente suscribió una proclama de apoyo a Francisco Dueñas, un terrateniente conservador, enemigo jurado del señor Presidente y marioneta de aquel otro demente llamado Rafael Carrera.

Los días de Barrios terminaron en 1865 frente a otro pelotón de fusileros tras un intento frustrado de derrocar por la fuerza a Dueñas. Para Anselmo Paiz, sin embargo, aquel no merecía semejante castigo (“Guión histórico del Poder Legislativo de El Salvador”, 1996). Barrios, dijo, fue solo un hombre equivocado, digno de lástima y enloquecido por el poder.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 21 de julio de 2011)

(Ilustración: El combate de San Lorenzo, Ángel Della Valle)

2 comentarios:

  1. Anónimo4:21 p. m.

    Con todo respeto para el autor, lo que hasta hoy he leido en distintas fuentes, hablan de un Gerardo Barrios distinto al que Ud. describe, valdria la pena que sobre este tema se efectuara una mesa redonda, quizas alguna de las Universidades del pais podria organizarlo y asi tratar de tener una idea mas exacta de esa epoca de la vida de nuestro pais. No voy a cambiar, por el momento, mis ideas sobre el Cap. Gral. Gerardo Barrios, pues un articulo por bien redactado que se encuentre, si no cuenta con un fuerte respaldo documental de investigacion, no deja de ser mas que una opinion personal.

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  2. Comentarios en LPG:

    http://www.laprensagrafica.com/opinion/editorial/206539-fusilar-a-un-magistrado.html

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