miércoles, marzo 02, 2011

Rafael Menjívar Ochoa: El cielo cae y cae

Miguel Huezo Mixco

El salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa pertenece al linaje de los grandes narradores latinoamericanos. Ha publicado más de una docena de libros, entre novelas, cuentos, ensayos y poemas en editoriales de México y Centroamérica. Entre sus últimos títulos se encuentra el volumen de narraciones breves, traducido al francés, “Un monde où le ciel ne cesse de tomber” (Cénomane, 2008). “Un mundo en el que el cielo cae y cae”, su título en español, inédito en nuestra lengua, confirma a Menjívar Ochoa como uno de los principales autores del llamado “género negro” en América Latina.

El género negro fue fundado en las primeras décadas del siglo XX por los escritores Dashiell Hammet y Raymond Chandler. También ha sido cultivado en América Latina por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Mempo Giardinelli y Paco Ignacio Taibo II, entre otros. La trilogía “Millenium” de Stieg Larsson gira en esa órbita.

Las novelas, cuentos, cómics y películas de este género se caracterizan por el pesimismo y el desencanto. Sus personajes se mueven en ambientes dominados por la violencia, el cinismo, la fatalidad, la venganza, el odio y el sexo. Todos estos ingredientes se encuentran presentes en los libros de Menjívar: “Los años marchitos” (1990), “Los héroes tienen sueño” (1998) y “De vez en cuando la muerte” (2002).

He leído el manuscrito original de “Un mundo en el que el cielo cae y cae”. Algunos de estos cuentos son verdaderas obras maestras de precisión y economía de recursos. Menjívar apenas les pone nombres a los personajes. No “cuenta” las historias: las pone en escena. Los relatos se escenifican en México, un país que Menjívar conoce muy bien, pues vivió allá exilado por más de 20 años. Su familia debió huir después de la ocupación militar de la Universidad de El Salvador (1972). Su padre, Rafael Menjívar Larín era el rector de la entonces primera universidad del país.

El cuento “Cementerio de carros”, por ejemplo, cuenta los últimos días del Loco, un policía que sabe que va a morir. La historia es contada por su amigo, un policía sin nombre. El Loco se encuentra encerrado en su departamento, sudando, con la tele puesta a todo volumen. El lugar huele a rata muerta. El tufo proviene de su mano, envuelta en un pañuelo pringado de sangre, con los dedos hinchados como chorizos. Su amigo lo lleva al hospital. Gangrena. Hay que amputar, le dice el médico. El Loco se rehúsa. Se va a un cementerio de carros. Se introduce en un automóvil desmantelado. “Tenía la pistola en la mano derecha y miraba por el parabrisas”. En eso, se escucha el motor de un carro. Allí comienza la acción.

Luego está el cuento “Fade-out”, protagonizado por una pareja que apenas acaba de conocerse y han pasado días teniendo sexo en un cuartucho miserable en Acapulco. “El baño estaba sucio. No había luz, no había regadera, solo el excusado, el lavabo, una manguera conectada al lavabo y una cubeta para bañarse”. El hombre está jugando con un mazo de naipes. La mujer le pide que vuelva a la cama. La insulta. Ella lo golpea. El tipo reacciona. “Cuando me di cuenta ella estaba en el suelo... Un ojo se le estaba hinchando y tenía la boca reventada”. Pero esto es solo el principio.

No mates a nadie por odio. Tampoco mates por placer. Ni por lástima. Mata por dinero, proclama uno de sus personajes, mientras espera que le peguen un tiro. En el mundo de Menjívar el cielo cae, una y otra vez.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 3 marzo 2011)

Foto: Rafael Menjívar como sicario, en la portada de Vértice, El Diario de Hoy, 12 de diciembre de 1999

4 comentarios:

  1. También considero a Rafael un gran historiador, su libro "El Salvador, años de locura: 1979-1982" me parece un acertado acercamiento a ese período tan compulsivo de nuestra historia. Sinceramente como narrador no he podido leerlo, pero eso sí da gusto tener entre los compatriotas a una persona de tan variados talentos.

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  2. Anónimo5:16 p. m.

    Esa foto es de una sección fotográfica del periódico, si no mal recuerdo lo que me contó Rafa, donde no tenían modelo para representar a un sicario. Así que Rafael ríendo dijo que él sí se dejaría fotografiar con reloj prestado y arma de jueguete. Los lentes los sacó de su gaveta. Después volvió a Costa Rica, donde su padre, y le enseñó el reportaje y la foto como quien le enseña a un padre su travesura. Su padre lo miro y le dijo:
    -¿Y estás orgulloso de esto?
    -Sí, por qué no. Fue divertido.
    -¿No te meterá en problemas?
    -No.
    -Entonces está bien.
    Creo que Rafael nunca se imaginó que años después esa foto volviera a adornar este post.

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  3. Lo que cuenta Anónimo es,casi palabra por palabra, lo que Rafael ha dicho ya otras veces sobre la historia de esa foto.

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  4. Lo que demuestra este libro es que Rafael es también un excelente cuentista. El dice que no, que lo que él sabe hacer es escribir novelas, y no cuentos. Este libro demuestra lo contrario. A mí, como traductor de sus novelas (6 ya publicadas y 5 por publicar en 2012-2013)me gustó especialmente traducirlos.

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