miércoles, marzo 02, 2011

Defendamos a nuestros hombres

María Tenorio

El Salvador está padeciendo un mal aun no detectado por el sistema público de salud, ni por los sociólogos que aun quedan, ni por los analistas que opinan sobre cualquier tema. Quiero aprovechar este medio virtual para dar la voz de alarma. El síndrome se ceba, sobre todo, en nuestros hombres: los más jóvenes, los más enteros, los mejor alimentados, los más productivos. Particularmene ataca las extremidades inferiores y, algunas veces, lamentablemente, deja lesiones de por vida.

Algunos casos de mi entorno inmediato pueden servir como ejemplo de un mal que tiende a generalizarse. En primer lugar, el caso que mejor conozco. Mi primo, con menos de cuatro décadas de edad, usa un bastón para ayudarse a caminar mientras la fisioterapia consigue “despertar” su cuádriceps derecho. Hace dos meses fue sometido a una operación de rodilla luego de haberse roto el ligamento cruzado; sus actuales limitaciones son parte del proceso de recuperación que tomará, cuanto menos, seis meses. Segundo, mi jefe, menor aun que mi primo, se lastimó los ligamentos de la rodilla por lo cual se encuentra limitado en sus actividades físicas. Tercero, en la universidad donde trabajo, el representante del estudiantado, más joven que los anteriores, lleva una férula en su pie derecho debido a un esguince severo en su tobillo.

¿Cómo se han lastimado ellos tres? En la cancha de fútbol. Este deporte, que pareciera ser tan fácil de jugar, se está convirtiendo en una verdadera amenaza que pone en riesgo la salud de nuestros hombres y, por ende, de nuestra sociedad en su conjunto. Su peligrosidad es rara vez señalada o admitida por quienes gustan de practicarlo. Inspirados por eventos de gran bombo mediático como la Champions Copa Mundial o el campeonato de la Liga Española, muchos se lanzan a las canchas a tirar patadas sin consideración hacia sus compañeros jugadores. Estos movimientos de los pies se transforman, con frecuencia, en agresiones que lastiman, de forma leve o severa, los miembros inferiores de uno de los segmentos más productivos de nuestra economía.

Vista desde la perspectiva sicoanalítica, la impronta futbolística de nuestros hombres podría bien ser síntoma de una regresión a la infancia. Es bien sabido que, en esta etapa, los niños y las niñas poseen elevadas dosis de pensamiento mágico. Este consiste en creer que determinados objetos o sujetos (incluido uno mismo) poseen cualidades sobrenaturales, es decir, que trascienden las leyes naturales del espacio y el tiempo. Así, algunos infantes juegan a volar como Súperman o a escalar las paredes como el Hombre Araña. De forma semejante, algunos adultos se calzan sus tacos y se lanzan al terreno de fútbol para jugar como Messi o como Cristiano Ronaldo. Los resultados son, como he dicho arriba, dolorosos. Muchos de nuestros hombres carecen del entrenamiento y de las habilidades necesarias para tal actividad deportiva.

Ante la proliferación de ese fenómeno social es poco realista sugerir que se renuncie a jugar dicho deporte. Alguna vez me he atrevido a recomendar su prohibición en lugares de trabajo pues, repito, el fútbol es un deporte peligroso que pone en riesgo la salud de nuestra fuerza productiva. Mis palabras han sido recibidas con miradas, gestos y expresiones de franca desaprobación. De ahí que me permita proponer una solución distinta, que promueva una sana participación de nuestros hombres en partidos de balonpié. Entrenar bajo la guía de instructores profesionales, con disciplina y horarios semanales. Quienes no estén dispuestos, que se resignen a deportes menos extremos y que disfruten del fútbol en la televisión o en el estadio. Defendamos a nuestros hombres. Protejamos nuestra fuerza de trabajo.

(Publicado en ContraCultura)

Fotografía "Men working at the high-tech apparatus of a Zodiac dirigible balloon" de Vintage Pictures, Family Rubben Website

2 comentarios:

  1. Fijate María, que yo creo que más que la práctica del deporte, el problema radica en el lugar donde se practica.

    Yo por años jugué en cancha de grama y nunca me lesioné, a lo mejor algún golpe menor, fruto de algún contacto con el rival. Igual, uno aunque no sea profesional siente si se hace daño o no. En mi caso, nunca sentí un pinchón o algo que me alarmara. Una vez comencé a jugar en sala de fútbol rápido ahí era otra historia. El tema es que básicamente estás jugando en una superficie de cemento con una alfombrita encima. Si juegas mucho y no tienes los zapatos adecuados, la rodilla se resiente.

    También he salido a correr, en el pavimento, que muchos dicen que es malísimo. Pero con el equipo idóneo no me ha pasado nada.

    Hay otros factores también. Si uno es mandrio, por más que se ponga las zapatillas de CR7 o Messi algo te puede pasar. O, genéticamente, hay gente que no puede correr y un pique a la pelota y se lesiona.

    La verdad es que si uno siente que se hace daño, hay que buscar otro deporte, para eso hay donde escoger. Yo me fregué jugando fútbol, me pasé a squash, me cansé de eso, me pasé a correr y levantar pesas, me aburrí y me pasé a pedalear en montaña. Y así seguro seguiré. Me encanta el fútbol, pero si me voy a hacer daño, para qué voy a seguir de necio. Igual no es como que sin mi presencia el equipo sufra. Ya me di cuenta que no soy el Zidane salvadoreño, jaja.

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  2. Anónimo11:55 a. m.

    María: Ya lo había observado aquí, en la UCA, pues cuando imparto clases a los alumnos de ingeniería, siempre en el ciclo hay un lesionado por esa práctica. Otro factor conocido son los buses, nada menos, en este interciclo a un joven lo lesionó uno de esos "inocentes y poco mal intencionados" personajes.

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