miércoles, marzo 16, 2011

Peligros del centro

María Tenorio

El título del correo, “Peligros del centro”, me impulsó a abrirlo aunque no conociera al remitente. Esperaba encontrar un testimonio en primera persona sobre el asalto a mano armada en el centro de San Salvador, con detalles de hora, día, nombres de las calles y otras circunstancias específicas. O bien una advertencia de que nuestro centro histórico está a punto de colapsar por alguna falla tectónica apenas descubierta por unos sismólogos alemanes venidos al país para estudiar los terremotos. Sin embargo, el correo ofrecía películas en DVD a domicilio y contenía una lista alfabética de filmes comerciales recientes. No me cabe duda de que la estrategia le funcionó a la persona que lo envió. Su mensaje fue recibido y ahora sé de ese servicio.

Los correos electrónicos testimoniales de denuncia sobre amenazas “naturales” o hechos delictivos presenciados o sufridos en las calles de esta ciudad se han convertido, a fuerza de repetición, en un género escriturario diferenciado y autónomo. Me atrevería a decir que todos los capitalinos que usamos este medio de comunicación hemos recibido alguna vez, en nuestra cibervidas, uno de esos mensajes. Me refiero específicamente a correos producidos y diseminados entre público local (o nacional) sobre situaciones que, a juicio de sus informantes, deben ser de dominio público. Suelen ostentar títulos o subject con vocablos como “peligro”, “advertencia”, “información importante” u otros que sitúen la denuncia en un lugar concreto de la ciudad o del país.

Otra de sus notas características es la costumbre de reenviarlos o forwardearlos múltiples veces. En este sentido, resulta verdaderamente incómodo el que incluyan listas de direcciones de las personas a quienes se les ha reenviado el correo. Este detalle es fácilmente corregible cuando uno reenvía un correo: es imperativo borrar esos distractores y dejar únicamente el mensaje principal.

Hace siete días recibí el último de esos mensajes. Se titulaba “Asalto en la zona de la Feria Internacional en plena luz deldia (sic)”. Narraba el asalto al conductor de un vehículo en las inmediaciones de Casa Presidencial, e incluía un bonus track: dos fotos del hecho donde se distinguía a uno de los dos asaltantes, de camisa blanca. La persona que denunció el evento iba a bordo de un bus hacia su casa a las 5:40 de la tarde y ocupaba un asiento en la primera fila. Cuenta que “el motorista me dijo que esos dos sujetos eran ladrones, que el ya tiene varios dias de verlos que asaltan carros”. Mientras, desde el lado del copiloto, un sujeto mostraba un arma al conductor del vehículo particular, el otro ladrón recibía el botín (un fajo de billetes) del lado del mismo conductor. Así, en cuestión de segundos, tuvo lugar el atentado frente a los ojos del testigo-narrador. Al tratarse de una zona de la ciudad por la que circulo, opté por reenviar el correo a mis familiares.

Este nuevo género textual suele ser escrito por no-profesionales de la escritura que, en el afán de denunciar lo que han oído, visto o padecido, toman la decisión de comunicarlo por medio del correo electrónico. Por lo mismo, su calidad narrativa no es un rasgo que los distinga. Al contrario, en muchos de ellos se echa en falta la unidad organizadora por excelencia de cualquier escrito corto: el párrafo. También muestran descuido en el uso de marcas tipográficas como las mayúsculas y los signos de puntuación. No está de más decir que, con frecuencia, exhiben faltas de concordancia, errores de ortografía y de dedo. Pero todo lo anterior, en vez de restarles valor, es muestra de su autenticidad: no son, en modo alguno, productos cuidados de un trabajador del lenguaje.

A pesar de no constituir “buenos” textos en el sentido literario del término, vale la pena leer estos mensajes. Estoy convencida de que la información vertida en ellos puede resultarme de utilidad. Si bien uno de sus efectos perniciosos es la contribución a la siembra de miedo, que tan bien realizan los medios de comunicación a toda hora del día, un efecto positivo es el de mantenerme alerta en un espacio público tan poco amigable como en el que me ha tocado nacer, crecer y desarrollarme.

Foto del centro de San Salvador, sin fecha

2 comentarios:

  1. Mmmm, nunca había pensado en estos correos como un nuevo género textual, pero tenés razón, lo son. Nunca los leo, a no ser que los abra por equivocación. Sin embargo a partir de ahora, les pondré atención como objeto de estudio y muestras para mis clases.

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  2. Anónimo1:08 p. m.

    este mensaje ya fué circulado en dic del 2008

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