miércoles, enero 06, 2010

Albert Camus y el viaje sin regreso

Miguel Huezo Mixco

Albert Camus, escritor, dramaturgo y filósofo (1913-1960), murió el 4 de enero de 1960 en un accidente automovilístico. Este hecho se ha recordado mucho en estos días que se conmemora el 50 aniversario de aquel choque azaroso y absurdo. Según sabemos, el automóvil corría sobre una extensa recta en una ancha carretera. Aparentemente, la causa del accidente se debió a la explosión de una de las llantas del automóvil. El carro, un Facel Vega deportivo conducido por su propietario Michel Gallimard, fue a estrellarse contra el único árbol de la zona.

Camus viajaba en el asiento al lado del conductor. Atrás venían Janine, la esposa de Gallimard y Anne, la hija de ambos. Iban a París donde Camus tenía un compromiso. La travesía entre Lourmain, el pueblecito donde el escritor había fijado su residencia, y la capital francesa tiene más de 700 kilómetros. No llevaban prisa. Los viajeros pasaron la primera noche en un pequeño hotel del camino. Su propietaria conservó como recuerdo la ficha llenada por Camus, con su firma, la última de su vida.

Camus se despidió de su esposa Francine Faure en la mañana del 3 de enero. Tenían 20 años de casados. Se habían conocido en 1940. Ese mismo año Francine le comunicó a su madre y a sus hermanas que quería casarse con un muchacho tuberculoso que carecía de trabajo estable y estaba en trámites de divorcio de su primera mujer. El último día de su vida, durante el viaje, Camus habló con los Gallimard de su interés en tomar un seguro de vida. Bromeó diciendo que no sería fácil debido a la tuberculosis que padecía desde los 17 años de edad.

Camus llevaba un maletín de cuero negro con su diario personal, su pasaporte y el manuscrito sin terminar de una novela. El libro, publicado de manera póstuma, se titulaba “El primer hombre”. El manuscrito tenía 144 páginas escritas a mano, “a veces sin puntos ni comas... difícil de descifrar”, escribió su hija Catherine en la edición que hizo Gallimard, en 1994, y que se convirtió en un éxito de ventas.

Camus es reconocido por haber desarrollado la idea del "hombre absurdo": aquél que está convencido de la completa inutilidad de la vida y cuyo rasgo primario es la rebelión. Sostenía que la vida es insignificante y se planteaba la legitimidad del suicidio, una hermosa paradoja que su muerte temprana (tenía 47 años) dejó sin resolver.

Herbert R. Lottman, biógrafo de Camus, ha reconstruido minuciosamente aquel accidente. Relata que el reloj del carro se detuvo a las 13 horas con 54 minutos; que un automovilista vio al Facel Vega zigzaguear y luego estrellarse con estrépito. Unos periodistas que pasaban por el lugar se detuvieron a tomar fotos y lo reconocieron de inmediato. Uno de ellos describió que Camus tenía los ojos abiertos en una expresión de terror. Su cuerpo fue transportado al ayuntamiento del pueblo más cercano (Villeblevin) para velarlo. Allí llegó Francine con sus hijos gemelos Catherine y Jean. Al día siguiente, en una secilla ceremonia lo cargaron en un furgón rumbo a Lourmain para sepultarlo. No hubo ninguna ceremonia religiosa.

Su muerte ocupó los titulares de los principales diarios del mundo, incluyendo los de El Salvador. El New York Times publicó un editorial que decía: “el que Albert Camus haya encontrado la muerte en un accidente de coche absurdo, víctima del azar, resulta una amarga ironía filosófica”.

Ilustración: Arnal Ballester

Publicado en La Prensa Gráfica, 7 de enero de 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada