miércoles, agosto 05, 2009

El Monumento a la Revolución

Miguel Huezo Mixco

Se le conoce como “El Chulón”. Es un gigante desnudo con sus brazos abiertos hacia arriba. Para llegar a su emplazamiento el visitante debe subir la empinada avenida Revolución de la colonia San Benito. Desde la construcción del Museo de Arte de El Salvador (MARTE), en 2003, la obra se ha convertido en un símbolo muy reconocido, pero por mucho tiempo estuvo sumido en el olvido.

Hace solo algunos años el conjunto arquitectónico y escultórico del que forma parte El Chulón estaba semidevorado por el monte. Mi padre nos llevó varias veces hasta allí en su pequeño Fiat, para hablarnos del movimiento de 1948 y mostrarnos el Monumento a la Libertad. Esta obra, tallada en piedra por el maestro Francisco Zúñiga, contiene nueve figuras orgullosas y enérgicas, como héroes de una época distante.

Cuando entramos al subterráneo del llamado Templo a la Constitución de 1950, ubicado a los pies del Chulón, descubrimos con asco que la pira donde debía arder por siempre "la llama de la libertad" se había convertido en una letrina pública.

El movimiento del 48, que protagonizaron militares e intelectuales, marcó una etapa histórica caracterizada por un Estado más activo en la vida pública y económica; se promovió la producción industrial, se regularon las relaciones laborales y se crearon una serie de instituciones culturales... Pero no escribo aquí para evaluar aquel proyecto sino para hablar sobre uno de sus principales signos culturales, El Chulón, y sobre la importancia de que el país lo mantenga en pie.

La leyenda dice que para realizar el mural en mosaico de 25 metros de alto y 16 de ancho, tan grande como un edificio de siete pisos, los artistas-constructores Claudio Cevallos y Violeta Bonilla hicieron traer piedras de los catorce departamentos del país. Con ese gesto se intentaba introducir un valor simbólico: intentar la realización del viejo sueño de ese "nosotros" que el país no ha conseguido en toda su historia.

La obra se concluyó en 1954. Desde entonces, ha padecido las inclemencias del clima y de varios terremotos. Tras décadas de abandono, artistas y visionarios consiguieron recolocar al monumento en el alma de la sociedad salvadoreña del siglo XXI. Como parte del proceso de recuperación del área, la Asociación Museo de Arte de El Salvador decidió emprender un diagnóstico del monumento. Así, el pasado 8 de junio un equipo de arquitectos han examinado al Chulón, por primera vez a sus 55 años, para establecer su estado de salud.

Los primeros resultados son preocupantes. De acuerdo con el informe de los arquitectos, la estructura vertical que le ha sostenido por más de medio siglo está severamente dañada. El Chulón está grave y, de no actuarse con la urgencia del caso, esa enorme masa con un peso de decenas de toneladas podría desplomarse poniendo en grave riesgo vidas y bienes, incluyendo al edificio mismo del Museo de Arte.

El Chulón, el monumento laico más importante de este país, constituye un "lugar de memoria" donde dialogan el pasado y el presente de El Salvador, porque contiene numerosos signos para analizar la formación de la nación, las disputas por el poder y las aspiraciones de los excluidos. Monumentos como este hacen que la ciudad se vuelva una fuente para promover una identidad compartida.

Junto a su innegable valor artístico, El Chulón es el símbolo de un viejo sueño de unidad, justicia, trabajo y prosperidad anhelado por todo el país. Y es el país quien debe conseguir que ese monumento siga de pie.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 6 de agosto de 2009)

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