miércoles, abril 15, 2009

Los Planes no están en el mapa

Miguel Huezo Mixco

Cuando se busca la ubicación del cerro El Pital, Chalatenango, en Google Earth uno se lleva tremenda sorpresa: la “cámara” lo sitúa en Honduras, muy al norte de la demarcación fronteriza salvadoreña.

Esta es una de las imprecisiones que uno puede encontrarse cuando se “viaja” a través de este sistema informático de Google que realiza asombrosos acercamientos en tres dimensiones a cualquier lugar del planeta a partir de fotografías de satélite, combinadas con mapas, y que permite, mediante un simulador, mirar estrellas, galaxias e imágenes astronómicas.

La aproximación que hace a la zona montañosa donde se ubica El Pital parece un gigantesco brócoli cuajado de carnosas cabezas arbóreas. En la vida real, cuando uno llega allí donde no alcanza la vista de los satélites, el espectáculo es mayor.

Esta Semana Santa, buscando un hotel ubicado a media altura del cerro, tomé un camino de cabras erizado de piedras afiladas, como debe ser el camino al cielo… si este existe. Una joven chalateca asombrada de vernos aparecer casi en medio de su repollal, nos indicó el camino de regreso. En el descenso hubo un tramo donde las llantas simplemente se deslizaban sobre aquel pedrero sin gobierno alguno. Así, bajando en remolino, encontramos el hotel.

Mientras nuestros connacionales se freían a razón de once muertos por día, nosotros disfrutábamos del clima de un lugar emplazado a dos mil metros sobre el nivel del mar, donde la belleza solo se mira irrumpida por la pobreza de la mayoría de sus habitantes.

He estado en la zona occidental de Chalatenango en diversas épocas. En mis excursiones de boy scout descubrí que las casas de los leñadores, hechas con el descostille de los pinos, no eran como las de los cuentos de los hermanos Grimm. Más tarde, durante la guerra, supe que la pobreza era como un ocote ardiendo. En nuestros días, la ruta que lleva a los hoteles de montaña serpentea en medio de caseríos donde el tiempo pareciera haberse detenido desde más de cincuenta años.

El cantón Los Planes, situado en las estribaciones de El Pital, ha ganado cierta celebridad. Allí, una cooperativa de agricultores cultiva hortalizas y frutas orgánicas que se venden muy bien en los supermercados de la cadena Wal-Mart. Esa cooperativa genera trabajo para las familias de los pequeños productores, en su mayoría, mujeres. Se llega a aquel lugar entre remolinos de polvo blanco. Desde el mirador construido a un lado de la calle, el cantón parece un juego de bloquecitos blancos a medio derruir. A los lados, la infaltable línea de basura marca la frontera entre la vida de los pobladores y el brote de las espectaculares montañas.

En el desvío entre Miramundo y Las Pilas, volviendo de Los Planes, es inevitable detenerse a contemplar y hacerle fotografías a una casa de adobe y teja construida en un campo más verde que cualquier verde. He visto numerosas fotos de esa casa colgadas en álbumes de Flickr y Facebook, en Internet. En Chalatenango hay una pobreza fotogénica.

He empleado el zoom más potente surcando el cielo con el programa de simulación de vuelo. Y desde ese cielo virtual he sobrevolado un Chalatenango desconocido. He pasado a uno y otro lado de la imaginaria línea fronteriza marcada de amarillo. Pero por más que he escudriñado, Los Planes tampoco aparece en el mapa de Google Earth.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 16 de abril de 2009)

Imagen: El Salvador visto por Google Earth

2 comentarios:

  1. Anónimo9:11 a. m.

    Interesante eso de la belleza fotogénica; también podría hablarse de una belleza trágica. El país está lleno de paisajes hermosos, pero que tienen un envés: la pobreza y la violencia. Estética y pobreza, estética y crimen, el paraíso y la precariedad, el paraíso y el machete.

    Un abrazo, Miguel.

    Álvaro.

    ResponderEliminar
  2. Guarnieri5:14 p. m.

    ¡Visos de humor en este blog!No puede ser. Ojo, no estoy sugiriendo que los contenidos de este blog son aburridos, sin embargo y a propósito de pandemias, casi toda la blogósfera es anafrodisíaca. Y tal vez esta palabra sea muy imprecisa, ya que los ¨blogs de opinión¨ no buscan propiciar deleites afrodisíacos, obviamente. Pero como la mitología griega prescinde del Dios de la risa (y no es extraño porque como Batjin demostró, la risa ha sido ¨siempre¨ una reacción contra la crisis de la vida de la divinidad), no encuentro otra palabra adecuada para referirme a quehaceres como el sexo y el humor, que como diría Luigi Pirandello, deben practicarse hasta sus confines pero de manera consciente.

    Por lo tanto, este blog es anafrodisíaco, interesante, ilustrativo pero sin mojo, casi espartano. Aunque con esa imageninería puerca que subieron hoy, estan a punto de redimirse. Lograron hacerme reir, Gracias.

    Saludos saludos.

    ResponderEliminar