miércoles, noviembre 13, 2013

Cartas clandestinas


Miguel Huezo Mixco

Un manojo de 16 cartas escritas por Roque Dalton en la clandestinidad, desconocidas hasta ahora por el público y los estudiosos de su obra, arrojan luz sobre los últimos dos años de vida del poeta.

Quien da cuenta de este hallazgo es el escritor Horacio Castellanos Moya en un ensayo publicado el 4 de noviembre en Iowa Literaria, la revista web del programa de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa. El descubrimiento ocurrió en el curso de una investigación que realizaba el escritor en los archivos de la familia Dalton.


“Era una carpeta muy delgada, sin ningún distintivo, título o marca”, escribe Castellanos. Un primer grupo de cartas, firmadas por Dalton con el sobrenombre de “Miguel”, estaban dirigidas a su ex esposa Aída Cañas, a su madre María García y a “Frank”, la nueva pareja sentimental de Aída. De acuerdo con las fechas, las misivas fueron escritas entre junio y octubre del año 1973, mientras Dalton permanecía oculto en algún  lugar de Cuba, recibiendo entrenamiento antes de viajar a El Salvador para unirse al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).


Dalton había hecho creer a todo el mundo que se encontraba en Viet-Nam. Su compañera cubana de entonces, la actriz de teatro Miriam Lazcano, y su amigo, el novelista Julio Cortázar, entre otros, recibieron cartas de Dalton falsamente despachadas desde Hanoi. Aparte de sus camaradas involucrados en la jugada, quien sabía la verdad sobre su paradero era Aída, a quien Dalton encubre con el seudónimo de “Ana” en esta correspondencia.


El segundo grupo (trece, para ser exactos) contiene nueve cartas dirigidas a “Ana”; las restantes cuatro son respuestas de “Ana” a “Miguel”, y están fechadas entre diciembre de 1973 y enero de 1975, lapso que coincide con el periodo en el que Dalton permanecía clandestino en El Salvador.

Si hemos de creer en la veracidad de las fechas que Dalton puso a las cartas, este habría ingresado clandestinamente al país no el 24 de diciembre, como hasta ahora se ha sostenido, sino a principios de ese mes, como sostiene Castellanos Moya.

La correspondencia clandestina de Dalton lo revela, por un lado, como un fervoroso militante que miraba a sus compañeros de armas, entre ellos sus futuros homicidas, como personas con “solvencia moral”. “No son irresponsables y engañadores”, le escribe a “Ana”. Las cartas también dan cuenta de su interés en mantener el contacto con sus editores, faena en la cual Aída Cañas hacía las funciones de su asistente de confianza. Recordemos que ese periodo coincide con el proceso de publicación del poema-collage “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, que vio la luz en 1974, en México.

Esta correspondencia clandestina lo muestra como un hombre preocupado por su familia y, de manera especial, por su madre, María García. Una parte importante de las cartas está dedicada a proveer instrucciones para que su madre (“mi señora”) realice sin tropiezos un viaje a Cuba para visitar a los hijos del poeta. Como anota Castellanos Moya, en cada una de las nueve cartas que le envió a “Ana”, está presente su madre.

Las indagaciones de Castellanos Moya revelan también un detalle poco conocido, su viaje a México, del que habla en una carta fechada el 29 de agosto. En la última, fechada el 5 de enero de 1975, cuatro meses antes de su asesinato, el viaje de su madre a La Habana se encuentra entre sus principales preocupaciones. No hay nada que indique que sus relaciones en el ERP estén pasando por un momento difícil. No sabe que sus días están contados.

Foto: María García y Roque

(Publicado en La Prensa Gráfica, 14 de noviembre de 2013)

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