miércoles, enero 04, 2012

Los picapiedras

















Miguel Huezo Mixco

La destrucción del mural del artista Fernando Llort, en la Catedral Metropolitana, derribó algo más que una pared decorada con cerámica. Los dibujos de Llort integran el patrimonio iconográfico del país con el espíritu de las bienaventuranzas. Hablan de un lugar pacífico, fraterno, lleno de luz. Describen un espacio donde se vive en armonía con la naturaleza. Son la imagen del “otro” país: el país soñado.

A algunos podrán no gustarles, pero todos coincidiremos en que constituyen un signo de identidad. Solo personas incapaces de captar esa relación profunda de la gente con esas imágenes pudieron decidir, celebrar y justificar semejante acto. Quizás sin mala voluntad, sino solo por torpeza e ignorancia.

El mural de catedral era el “códice” de la imaginería creada por Llort. Se elevaba justo en el lugar donde el país vivió momentos de enorme convulsión política y social. El título del mural no podía ser más explícito: “La armonía de mi pueblo”.

¿Tendrá la jerarquía católica el coraje para abandonar su disparatada idea de colocar en ese mismo lugar estatuas de mármol? ¿Serán humildes los obispos y repararán el destrozo, no con una misa cantada, sino erigiendo un nuevo mural?

El daño está hecho. La catedral ha perdido el único detalle de originalidad que poseía. El templo, inaugurado a finales de los años 90, como ha anotado Amparo Marroquín Parducci, es “un pastiche de estéticas” y el “reflejo de un país sin muchas claridades”. En ese edificio viven, en realidad, dos iglesias. La de “arriba”, coronada por una cúpula donde se distingue un grupo de indígenas emplumados, como sacados de una película de Hollywood. Y la de “abajo”, la de las catacumbas, que tiene como centro la devoción a Óscar Romero, enfundado en su sarcófago de templario.

La fachada, decorada por Llort, era como un gigantesco souvenir de La Palma. Cautivaba sobre todo a los visitantes extranjeros. Por allí he dejado dicho que el escritor Carlos Monsiváis, cuando vino a San Salvador, quedó impresionado por aquel diseño. “No hay nada igual en el mundo”, me dijo. Quizás le evocaba el alucinante templo de Santa María Tonantzintla, en Cholula, la iglesia más bella del planeta, poblada de ángeles indígenas, flores, frutas y plantas.

Un giganteso souvenir, sí, como los iconos que enorgullecen a los habitantes de numerosas ciudades del mundo, pero sin la pedantería de las estatuas y las torres. Un monumento hecho a la medida del país, ahora deshecho a golpes, como lo manda la tradición nacional.

El desaparecido mural no salió de la nada. La imaginería de La Palma nació del contacto de un grupo de artistas con los artesanos del norte del país. En los años 70, viajar hasta La Palma a respirar el olor a pintura y madera en el taller de Llort, o en el de Guillermo Huezo, era parte de una búsqueda de fraternidad y vida frugal. La utopía de estos artistas era, como lo escribió Fernando, “forjar una raza de guerreros de la belleza, de la creatividad, de la no-envidia, y del respeto a la sangre y la memoria”.

Aquel experimento, hecho con el corazón, surgido en medio de una época feroz, fue un éxito. La Palma, donde tuvo lugar el primer diálogo para poner fin a la guerra civil, se convirtió en el símbolo de la reconciliación. Donde hay salvadoreños existe alguno de esos dibujos coloricos que imitan los diseños de Llort. En ellos se funden la estética y la memoria. Ese vínculo es indestructible. Ahora lo saben los picapiedras: el mural de catedral era más que una pared cubierta de cerámica.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 5 enero de 2012)

Imagen: Slinkachu
Little People – A tiny Street Art Collection

6 comentarios:

  1. A mí me parece un gran error lo que ha hecho la iglesia. Ese mural era un símbolo de un pueblo que quiere vivir en paz y como dices, muchos visitantes lo recordamos por su belleza y por ser tan salvadoreño. Estuve allí en el 2010 en un festival de poesía y me traje muchas fotos del mural porque su belleza me cautivó. Lo siento profundamente.

    ResponderEliminar
  2. Cualquier manifestación artistica no corresponde a un persona como tal sino a una expresión del alma. Es una lástima que a muchos artistas sea cualquier rama se le reste valor.
    "Indignación escombros y tristeza" lo único que queda.

    ResponderEliminar
  3. Anónimo1:30 p. m.

    El mural, el pecado original y los comunistas

    El mural: si en serio hablamos de "estética" esos dibujitos del genero naif no armonizan con la "arquitectura" del templo, por mucho que la obra se llamara "armonia....". Parecía arroz con mango ¿o no?

    El pecado original de quien ordenó pegar ese mural: no consultar a expertos del "arte sacro". Pecaron de folklorismo, alli donde debiera brillar el universalismo.

    Los comunistas de la pequeña burguesia, protestan por cualquier cosa. Extraño que los comunistas ateos, esten lanzando gritos al cielo. Creen que la SANTA CATEDRAL es el subterráneo del metro de Moscu.

    Si consultan al PUEBLO CATOLICO, dirá que preferiere una estatua del Divino Salvador del Mundo, o grabados de vírgenes.

    ResponderEliminar
  4. excelente articulo maestro objetivo y claro la destruccion del mural es un atropello de la curia catolica es desprecio a la identidad cultural independiente que sea una obra de arte maxima o n, refleja la intolerancia propias de la santa inquisicion alegatos de ignorancia y disculpas refleja el poder religioso aliado al poder politico factico de la derecha RECALCITRANTE ES UN DESPRECIO ALO QUE REPRESENTAN LOS ACUERDOS DE PAZ LA IMAGEN DEL PUEBLO que quieren la capilla Sixtina la foto de Dabuison o del general Martinez que mayor farsa y desprecio de la jeraquia catolica a la gente pueblo ataque directo a los mas simblico de un artista que sigue despues la tumba de de ..

    ResponderEliminar
  5. Anónimo9:11 a. m.

    INDIGNADOS ???

    Indignados,muchos que se dicen de IZQUIERDA han llorado tinta a mares por unas piedras pintadas que le arrancaron a la catedral, pero no han escrito ni una letra en apoyo a los "lisiados de guerra" que ocuparon la misma catedral para "reclamar dignidad" en el cumplimiento de sus derechos como victimas de la fratricida guerra.

    Ni los dirigentes dis que "defensores de los derechos del pueblo" se han acercado a la catedral a solidarizarse con sus "camaradas descalzos" y ni siquiera han dicho esta boca es mia

    si se compara una piedra con un humano, es para indignarse, o bien: para emputarse

    ResponderEliminar
  6. A mi tambien me parece un gran error lo que ha hecho la iglesia. El arte de Fernando Llort y la catedral, para bien o para mal son un simbolo fuerte de la cultura e identidad salvadoreña. Creo que su arte hacia unica a esta catedral asi como lo decis, no solo por el significado que la Palma tenga en los acuerdos de paz, sino por el peso que su arte tiene como orgullo nacional.

    ResponderEliminar