miércoles, octubre 14, 2009

Pájaro relojero. Los inevitables poetas


Miguel Huezo Mixco

Mal día para escribir mi columna. No sólo porque esta noche el calor es terrible y llueve de manera intermitente, sino porque escribo bajo los efectos de esa especie de goma que dejan los vuelos transatlánticos, el siniestro “jet lag”, y no veo la hora de irme a la cama.

Por suerte tengo las notas que hice en el avión sobre una nueva antología de poesía centroamericana, publicada en España hace unas semanas, de la que ya tenía noticias, y que encontré en una librería de Barcelona. Tiempo para leer tuve de sobra. El viaje de regreso a casa, con las fastidiosas escalas derivadas de la compra de un boleto barato, duró 27 horas con 32 minutos.

El libro se titula “Pájaro relojero. Poetas centroamericanos”. El compilador es el ecuatoriano Mario Campaña. Esa obra de 880 páginas, encuadernada en pasta dura, con funda y marcador, ha sido publicada por la prestigiosa editorial Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores.

Campaña inicia el prólogo del libro sentenciando "que en poesía no hay países pequeños". Lo prueba, dice, el “inevitable paisano”, Rubén Darío, nacido en medio de analfabetas en un pueblito perdido de Nicaragua. Y también Arthur Rimbaud, nacido en el provinciano Charleville, Francia (de donde desde luego huyó), para citar a dos genios nacidos en mundos periféricos.

Si de periferia hablamos, Centroamérica, con toda la carnicería y la inopia que aquí tienen trono, es un espacio imaginario, situado en los confines del mundo, pero en cuyas parcelas también ha crecido, rara flor, la poesía. Centroamérica apenas existe, a menudo solo como una mala noticia. Con el agravante de que, como dice mi amiga Deborah Robb, de Bluefields, cuando se habla de Centroamérica casi siempre se alude a la franja española o mestiza. Este es un reiterado error de óptica que reduce los activos culturales de la región.

Hacer una antología de poetas es más que un asunto de gustos, es también adoptar filiaciones, comunidades y discursos. Campaña probablemente no encontró méritos en poetas de las costas norteñas del istmo, que han escrito en inglés. Tampoco dice nada de los poetas en lenguas indígenas. Esto no debe entenderse como un reproche. Su fin, como él mismo explica, era presentar a los “clásicos de la poesía contemporánea de Centroamérica”. Campaña va a lo seguro. El resultado es un buen trabajo. Los poemas incluidos están entre los mejores y menos desconocidos. Entre sus “clásicos” –con excepciones— encontramos a los “inevitables” más queridos.

Los escogidos se cuentan con los dedos de las manos… y un poco más. Campaña seleccionó a trece poetas. Supersticioso no es. La colección comienza en 1922, con los poemas de “El soldado desconocido” del nicaragüense Salomón de la Selva, y termina en 2005, fecha en la que Alfonso Kijadurías publica en la DPI “Certeza de la duda”.

De esos trece fantásticos, dos son mujeres. Una es Claribel Alegría (inscrita como nicaragüense). Hay dos salvadoreños: Roque Dalton y Alfonso Kijadurías. El primero es nuestro otro paisano inevitable. Kijadurías, en cambio, es una de las más agradables sorpresas del volumen. Pero a Campaña se le quedó una persona esencial. Su nombre es Claudia Lars.

Campaña reconoce a otros autores de la región que hubieran tenido un lugar en su “Pájaro relojero” si él hubiera tenido el propósito de ofrecer un panorama general de la poesía de Centroamérica. No diré quienes son. Ya no tengo espacio. Además, ya es tarde. Me voy a dormir, sin cena ni beso de buenas noches, a recuperar el sueño perdido.

(Publicado en La Prensa Gráfica, 15 de octubre de 2009)

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