jueves, octubre 15, 2009

Ariadna y Roque

María Tenorio

Ariadna ama a Roque. Lo conoció en la Universidad Complutense, en Madrid, en un curso de poesía latinoamericana, cuando sacaba su grado en Filología Hispánica. De entre una retahíla de nombres de poetas que les dio la profesora, ella escogió el de Dalton. Lo leyó durante seis meses, escribió un trabajo sobre el poeta y fue el amor.

Ariadna G. García es poeta. Nació en la capital española en 1977. Su primer libro lo publicó a los 20 años, se titula Construyéndome en ti. El segundo vino con premio Hiperión, en 2001, y se llama Napalm. Cortometraje poético. Luego fue Apátrida, en 2003, también premiado.

Ariadna y yo nos conocimos ayer. Nos presentó nuestra común amiga Rut al pie de una estatua de Agustín Lara, en el barrio Lavapiés, en Madrid. Cuando supo que yo era salvadoreña, me confesó que Roque... solo después de Miguel Hernández. Me atacó a preguntas sobre sus libros, sobre sus hijos, sobre El Salvador. Quiere saber más, leer más.

Ariadna se quejó conmigo de no poder conseguir libros de Dalton en España. No le bastan los poemas publicados en antologías. Me habló de una de la editorial Visor. Es demasiado poco. De libros completos solo ha leído Taberna y otros lugares y Las historias prohibidas del pulgarcito, me dijo. "¿Dónde puedo conseguir otros?", me preguntó.

Ariadna me contó que se encontró con otro admirador secreto de Roque aquí en la Península. Él le dio Las historias prohibidas. Envuelto en papel de regalo, se lo llevó a algún congreso --eso entendí-- donde Ariadna hablaba sobre el poeta salvadoreño. "He seguido tu interés por Dalton", debe haber dicho este personaje, "y te he traído esto". Ella estaba muy emocionada.

Aproveché la conversación con Ariadna para quejarme de la escasa distribución de libros salvadoreños en el extrajero (y eso que los de Dalton se exportan como productos nostálgicos). Recientemente, le conté a la poeta, se han publicado las obras completas de Roque por la DPI, Dirección de Publicaciones e Impresos, en El Salvador. Lamentó no tener acceso a ellos de este lado del Atlántico.

Mientras la mayoría de españoles que he conocido apenas saben el nombre de mi país, ella sabe que Gabriela Mistral lo bautizó Pulgarcito de América; me habla de San Vicente y San Salvador con gran familiaridad y sabe que padecemos de continuos terremotos. La verdad, me siento muy contenta de que nuestro inevitable Dalton atraiga la mirada de Ariadna hacia El Salvador.

Ilustración: Teseo huye del laberinto guiado por Ariadna, de Jorge Selfa

2 comentarios:

  1. Anónimo4:40 p. m.

    Me da pena ser salvadoreña y no saber nada de Dalton más que fue un gran poeta, exiliado y que escribió una canción dónde se corea ...son los guanacos-ni siquiera recuerdo el nombre-, tal vez el saber que una extranjera sigue sus pasos me hace interesarme en el patrimonio de mi cultura.

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  2. Jorge Selfa9:47 p. m.

    Me encanta la ilustración, :)

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