miércoles, mayo 23, 2012

La joya de Tatiana Huezo



Miguel Huezo Mixco

Los combates comenzaron poco después de la medianoche del 5 de mayo de 1983 y terminaron con la rendición de los tres o cuatro efectivos que quedaron con vida en el puesto militar de Cinquera. Luego vinieron las ejecuciones de los colaboradores del ejército. Y, unos días después, la contra respuesta del ejército en un clásico operativo de “tierra arrasada”. Un éxodo de mayores proporciones había tenido lugar uno o dos años atrás, en esa misma zona, debido a los operativos lanzados contra las organizaciones campesinas.

Cinquera fue una muestra a escala de la tragedia salvadoreña. Vecinos, hermanos y parientes se enfrentaron violentamente unos contra otros. Su final fue aterrador: se convirtió en otro de los innumerables pueblos fantasma que produjo la guerra. Sus pobladores comenzaron a regresar en 1991, para librar una nueva batalla: la de rehacer sus vidas y sanar sus heridas.

La historia de ese retorno ha sido recogida en la película “El lugar más pequeño” (2011) de Tatiana Huezo Sánchez. Esta producción marca un punto y aparte en todo lo que se ha hecho sobre la guerra salvadoreña en el género documental. La película no convierte el retorno de una comunidad en un pretexto para insistir en los lugares comunes de la conflictividad.

Sin dejar de tomar partido a favor de las víctimas, “El lugar más pequeño” es una obra de contemplación y de compasión. La fotografía ofrece poéticas tomas y encuadres del paisaje, algunos inolvidables. La cámara nos lleva del micromundo de las hormigas acarreadoras a la tupida bóveda vegetal que cobija aquel maravilloso lugar sumergido en la pobreza. Asimismo, retrata la estrecha convivencia de las personas con la tierra, la lluvia, sus animales y, sobre todo, con sus muertos, sus desaparecidos.

Dije también que es una obra compasiva. Una película como esta solo es posible cuando los realizadores consiguen empatía con sus personajes. "Ríe con los que ríen y llora con los que lloran”. No es lacrimógena. Tampoco busca chantajear a sus espectadores. De principio a fin muestra mucho tacto en la aproximación al dolor de los sufrientes. Sus personajes no son un recurso para “vendernos” una tesis. Ellos son el corazón de la película, y los espectadores solo tenemos el privilegio de escuchar sus confidencias.

El documental prescinde la mayoría del tiempo de la música. Mientras la cámara va de un lado a otro, acariciando el paisaje o las figuras humanas, se despliega toda una gama de sonidos naturales: cigarras, lluvia, pájaros, viento, hierba... La música de Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman irrumpe oportunamente para encaminarnos hacia el final de la obra.

El trabajo de Tatiana Huezo y su equipo ya ha sido percibido en países que gozan de una cultura cinematográfica más rica y abierta. Así, desde su estreno en 2011, ha recibido más de treinta reconocimientos, entre ellos: Mejor Documental, en el Festival Internacional de Cine de Lima; Premio del Público y Mejor Película Mexicana, en el Festival Internacional de Cine de Monterrey; Mejor Documental, en el DMZ Korean International Documentary Festival; Mención Especial en el José Rovirosa´s Awards; Mejor Documental, en DOK Liepzig; Mención Especial en el Festival Biarritz Amérique Latine; Premio del Jurado del Abu Dhabi Film Festival; Premio del Público en el Vienna International Film Festival; Mejor Documental en el Festival de Cine de Viña del Mar, Chile; y Mejor Dirección y Mejor Película, en Cinema Tropical Awards.

“El lugar más pequeño” se presentó en el país en el marco del recién pasado Festival Ambulante. 

(Publicado en La Prensa Gráfica, 24 de mayo de 2012)
Fotos: Arriba, Tatiana Huezo Sánchez. Autor: no identificado. Imágenes de la película.

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