sábado, enero 12, 2008



2. Viaje a México

México D.F. excede al viajero de hoy. A diferencia de los cronistas del pasado que escribían con la autoridad del observador omnisciente, Rodrigo Fresán habla de la ciudad sin ínfulas de abarcarla o dar cuenta de su totalidad. “Mantra” (Mondadori, 2001), su novela, propone un largo recorrido muy al estilo del siglo XXI –múltiple, disperso y descentrado– por una ciudad que se resiste a la mirada, por una mirada que huye de la objetividad.
El vocablo ‘mantra’, en la novela, no es la reunión de sonidos que se repite para meditar. Mantra es el apellido de Martín y de su familia, propietarios del imperio mediático mexicano Mantravisión. Los Mantra son la clave que Fresán inventa para entrarle a una ciudad que, de solo verla, da pavor.
La novela está organizada en tres partes, cada una narrada por alguien distinto, aunque siempre en compañía de un Mantra. Una particularidad de este tríptico es que, en ninguna de las secciones, el narrador está instalado en la capital mexicana: en la primera, habla un niño desde su natal Buenos Aires; en la segunda, narra un muerto francés desde Mictlán, el subsuelo del D.F.; en la tercera, un robot, desde una ciudad en perpetua oscilación llamada N.T.T. (Nueva Tenochtitlán del Temblor).
En la primera parte de la novela, el niño Martín Mantra llega a Buenos Aires con una pistola y una película de su familia, filmada por él mismo. En una escuela con nombre de héroe de la independencia, conocemos al mexicano prodigio de labios de un impresionado niño argentino. Desde fuera y desde la infancia, Fresán nos introduce a México D.F., a su producción mediática y al mundo de sus luchadores enmascarados.
La segunda parte, la más extensa de las tres, es la narración de un francés muerto que llegó al D.F. para no salir nunca de allí. Desde Mictlán, el subsuelo donde viven quienes mueren en la gran urbe, el europeo dialoga con María-Marie, prima de Martín Mantra, a quien amó y dejó en París. El narrador ve su antigua vida de periodista free lance y de aspirante a luchador enmascarado a través de un televisor en blanco y negro.
La parte final –y menos lograda de la novela– es el retorno del robot P.P.MAC@ario a la Nueva Tenochtitlán del Temblor en busca de su padre, el mitológico Mantrax, reconversión del ya conocido Martín Mantra. El cierre del tríptico ha sido leído por los críticos como un homenaje o remake de “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.
“Mantra”, la segunda novela de Fresán, es un encargo de la editorial Mondadori que recibió el argentino –junto a otros seis narradores del mundo hispanohablante– de viajar a una “de las ciudades más importantes del mundo” y contar su recorrido en forma de crónica, diario de viajes o de novela. México D. F. es la única ciudad latinoamericana que aparece en la colección titulada “Año 0”. Desconozco si la serie completa de siete libros está a la venta en librerías de este país; pero mi “Mantra” lo conseguí en Metrocentro.

Las otras urbes de “Año 0

o Madrás, India, en “El tren a Travancore” de Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958).
o Roma, Italia, en “Una novelita lumpen” de Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003).
o Beijing, China, en “Octubre en Pekín”, de Santiago Gamboa (Colombia, 1965).
o La capital egipcia en “Oriente empieza en el Cairo”, de Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958).
o La capital rusa en “Treinta días en Moscú” de José Manuel Prieto (Cuba, 1962).
o Nueva York en “Hora de Times Square” de Gabi Martínez (España, 1971).

Fotografías
anarcopunknoticias.blogspot.com
llevamecontulider.blogspot.com

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