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jueves, noviembre 22, 2012

En inglés, plis

María Tenorio

No creo que El Salvador adopte el inglés de forma oficial en las próximas décadas, pero estoy convencida de que esa lengua está transformando definitivamente nuestro idioma. Hace unas semanas, mis alumnos de redacción en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) recogieron muestras de nombres de distintos tipos de empresas en el país y los clasificaron. Así, listaron nombres de gimnasios, pupuserías, kínderes y farmacias, entre otros. Esta exploración confirmó no solo la penetración del inglés, sino también la convivencia con el español, en nuestra nomenclatura comercial.

Hasta donde ha llegado la exploración de mis estudiantes, dos tipos de negocios donde el inglés es dominante son los gimnasios y los salones de belleza. Ocho de cada diez de estos locales tienden a adoptar nombres en esa lengua. Podríamos especular que, al estar asociados con estilos de vida modernos, ambas clases de establecimientos apelan al prestigio estadounidense para ofrecer sus servicios de cuidado personal. El cultivo de la belleza del cuerpo, el rostro y el pelo usa diversidad de técnicas, procedimientos y productos llegados desde el extranjero.

En cuanto a los nombres de gimnasios, algunos ejemplos son: Super Body, Sculpture, Svelty Forever, World Gym, Little Gym, Iron Power, Curves, Body Flex Fitness, Bally Sport Center, Atlethic Gym, Fitness 360. La muestra proviene de Páginas Amarillas y el ámbito geográfico cubierto fue todo el territorio nacional. Las palabras body, power, iron, fit, gym, sport son algunas de las favoritas en este tipo de establecimientos que, según el reporte presentado en mi clase, se originaron a mediados del siglo XIX en Alemania y los Estados Unidos.

Para los salones de belleza, Fashion, My Space, Beauty Nails, Essence, Look Station, Perfect Spa, In Style, Six Sense y Blush Hair & Beaty son ejemplos de nombres recogidos. Algunos mezclan inglés y español, como Sonia’s Salón y Sala de Belleza Beauty Choice. Mis alumnos investigaron una muestra de 40 locales de este rubro situados en San Salvador y La Libertad.

La penetración del inglés es ostensible, aunque no de forma tan abrumadora como en los casos anteriores, en otro tipo de establecimiento comercial y, a la vez, educativo: los kínderes. Mis alumnos encontraron que algunos centros parvularios situados en las zonas más prósperas de la ciudad tienen nombres en inglés: Fastrack kids, Little to Big, Children’s, Happy Faces, ABC Bilingual School, Teddy’s Care, American Children’s Paradise, Power Kids. El nombre, no me cabe duda, aludirá a la oferta educativa bilingüe de esas escuelas. Asimismo, algunas denominaciones en español fueron reportadas en áreas de menor poder adquisitivo: Días Felices, Arco Iris, El Mundo de los Niños, Niños Felices, son algunos ejemplos.

En contraste con lo anterior, mis estudiantes reportaron dos tipos de establecimientos prácticamente impermeables, por el momento, al inglés. Se trata de las farmacias y las pupuserías. Me resulta fácil especular que estas últimas, por vender comida propia del país, se apegan a la lengua nacional en sus denominaciones. En cambio, con las farmacias no resulta tan inmediata la asociación con el castellano. ¿Será que para ofrecer productos que cuiden de la salud hay que darse a entender con toda la población? Veamos algunos ejemplos.

En las farmacias de Antiguo Cuscatlán predominan los nombres de santos. San Rafael, San Nicolás o Virgen de Guadalupe son algunos ejemplos; aparecen también otras denominaciones como Farmacias Económicas, Uno, Camila o Bonanza. Sin embargo, al menos en la muestra que presentaron mis alumnos, ningún nombre de farmacia incorpora el inglés.

En cuanto a las pupuserías o ventas de platillos típicos, la tendencia dominante es bautizarlas con nombres de mujeres. Así, en Olocuila encontramos las pupuserías Claudia, Cecilia, Carmensita, Margot, Zoila, Juanita y Glorita, entre otras. No obstante, la influencia anglosajona se notaría, aquí, en nombres femeninos como Wendy, Vicky, Mary o Cristy.

Esta exploración de nombres de negocios nos acerca al fenómeno que se relaciona con el enorme prestigio que, para la mayoría de salvadoreños, tienen los Estados Unidos de América. Ese país tiene mucho de lo que nos gustaría tener a nuestra disposición. En busca de su aura de modernidad, avances tecnológicos y abundancia de recursos, la nomenclatura comercial se rinde, no sin algunas resistencias, ante el idioma de ese gigante.

(Publicado también en ContraCultura, El Salvador)

miércoles, noviembre 07, 2012

El xendra y la utopía


María Tenorio

Hace unos días vi en un cine comercial de San Salvador una película hondureña de ciencia ficción, El xendra. Aunque parezca un sueño o una fantasía, lo que les cuento es verdad. ¿No creen que mi experiencia podría considerarse una rareza?

En primer lugar, lo califico así porque en esta ciudad las salas de cine están principalmente dedicadas a la oferta “mainstream” norteamericana, es decir, a lo producido para el gran público desde nuestro vecino del Norte. La exhibición de otro tipo de cine se da, sobre todo, como parte de festivales promovidos por distintas entidades --embajadas, universidades, instituciones del gobierno, etc.--, pero, casi siempre, fuera de lo comercial.

Segundo, porque la producción cultural de otros países centroamericanos no suele llegar con facilidad a esta capital (y presumo que los productos salvadoreños tampoco son accesibles para públicos de las otras ciudades de la región). Esto es, las industrias creativas enfrentan dificultades para penetrar los mercados más allá de sus fronteras nacionales. Dicho de otro modo: no hay un mercado centroamericano establecido para la producción creativa.

En tercer lugar, lo raro de El xendra no es solo que haya compartido cartelera con comedias románticas y películas de miedo, norteamericanas y “comerciales” todas ellas, sino que trata un tema muy actual con recursos propios del cine de ficción más “moderno”. Y, a mi juicio, sale adelante con dignidad en su empeño. Esto es, es una película de suspenso entretenida, con una trama que mantiene el interés. Cuenta una historia que ocurre en San Salvador y en las selvas de Honduras después del 21 de diciembre de este año e involucra a ovnis y a extraterrestres.

Aquí puedo enunciar un cuarto lugar: los protagonistas son científicos centroamericanos, formados en universidades extranjeras, que viven en Centroamérica. Que habiten por estos lares es lo extraño. Lo más usual es que quienes estudian alguna carrera muy especializada en el extranjero permanezcan en ciudades donde puedan desarrollarse profesionalmente. Bueno, la película es una ficción.

En relación con los científicos, El xendra me recordó a un cuento emblemático de Hugo Lindo, escritor salvadoreño del siglo pasado que trató temas de ciencia ficción. El relato al que aludo se titula “Espejos paralelos” y habla sobre la posibilidad del altísimo desarrollo de las ciencias y de la investigación en la región al grado que los premios Nobel son ganados por centroamericanos en las últimas décadas del siglo XX. 

No me cabe duda de que Lindo y el director de la película, Juan Carlos Fanconi, comparten algunas obsesiones y, sobre todo, la utopía de una Centroamérica “desarrollada”, donde la investigación científica es preponderante. Pero no quiero aquí hablar sobre lo que pudo ser y no será, sino más bien invitarlos a que vean El xendra y a que lean “Espejos paralelos”, que son dos muestras de buenos productos culturales hechos en el istmo. Son dos anuncios de la utopía que ya están aquí. 

Para terminar les cuento que desconocía el trabajo de Fanconi, quien a principios del milenio dirigió la película Almas de medianoche. Del elenco sí conocía a Boris Barraza, actor y sicólogo salvadoreño, que hace el papel de uno de los cuatro científicos protagonistas del filme. También conocía a Dinora Alfaro, quien representa a una dependiente de Starbucks en San Salvador, en un rol secundario. Los demás protagonistas son de origen guatemalteco (Juan Carlos Olyslager), costarricense (Rocío Carranza y Fabián Sales), y hondureño (Álvaro Matute y Jaime Joint). Los remito a una nota del periódico tico La Nación en caso de que quieran más información sobre El xendra.

miércoles, septiembre 26, 2012

Luna de fin de siglo


María Tenorio

Su existencia me la anunció en 1992 Francisco Domínguez, amigo y colega: Mari --me dijo-- van a abrir un lugar que se llamará La Luna. Imaginate qué chivo, cuando vayás allí dirás “Vamos a La Luna”. Me pareció juguetón el nombre del lugar, como los de esos bares que se llaman La Oficina o La Biblioteca. Lo que no imaginé en aquel momento, hace veinte años, es que ese bar-café me seduciría hasta el punto de convertirse en mi sitio nocturno favorito, tanto así que mi fiesta de bodas se celebraría en ese “espacio abierto al tiempo, la magia y la imaginación”.

Frecuenté La Luna religiosamente los fines de semana y de manera ocasional entre semana, durante los noventa. Se hizo tan mi casa que ha sido el único antro al que me he atrevido a llegar sola. Me encantaban las pinturas que aparecían en sus paredes, los móviles que reclamaban viento, las sillas y las mesas pintadas a mano o decoradas con recortes de revistas. Incluso llegué a portar un carnet que me acreditaba como “Amiga de La Luna” y decía ser válido “toda la vida”. Era muy útil pues servía para no pagar la entrada. Recuerdo haberlo recibido luego de la boda, en julio de 1995.

Estética lunar

La Luna generó un espacio propio a una estética que mezclaba lo bohemio, lo urbano, lo jipi y, sobre todo, lo juguetón. Esa estética alternativa, que huía de la seriedad, al dar nuevos y cambiantes significados a las cosas cotidianas cuestionaba la rigidez de los conceptos que prevalecían en el mundo de afuera. En ese sentido, significó una ruptura radical con la recién terminada guerra donde, dependiendo de donde estuvieras, unos eran buenos y los otros, malos. En La Luna las cosas podían ser no de otro modo, sino de otros miles de modos.

Recuerdo, por ejemplo, que en el menú los sandwiches se llamaban “brujas de arena” o sand witches. También inolvidables son los programas mensuales que, en distintos formatos, anunciaban las actividades culturales de cada día. Siempre estaban impresos en blanco y negro y sus diseños eran hechos a mano, con dibujos y detalles creativos. Ningún otro sitio hacía nada parecido.

Los selenitas

¿Quiénes estaban detrás de todos y cada uno de los detalles creativos, artísticos o juguetones que aparecían en todos lados? No olvidaré un desnudo estilo Matisse que decoraba las paredes de un baño de mujeres habilitado en la entrada, que luego desaparecería para nunca más volver. Ese ha sido mi favorito de todos los tiempos lunares.

De tanto llegar conocí a la Bea Alcaine, a la Gracia Rusconi, la Carmen Elena Trigueros y a la Daniela Heredia, selenitas por naturaleza; me hice amiga de Julito Molina, el encargado de la música. Conocí también a Pedro Portillo, quien más de una vez me leyó el tarot. Tito Hasbún fue otro amigo que hice allí. Escuché la música de Carlos Walter, Neto Buitrago, Hugo Fajardo, Carlos Romero y tantos otros que habrán sido la tortura de los vecinos de la calle Berlín.

Renovarse y morir

La Luna renovó la escena nocturna capitalina, convirtiéndose en un polo de atracción para quienes buscaban diversión y para quienes producían arte. Muchos conceptos desarrollados en su espacio lo trascendieron y dieron fruto en otros bares, restaurantes y cafés. Lo creativo-juguetón fue adoptado, sin miedos ni complejos, por otros sitios.

Hoy le ha llegado el momento de despedirse. Nos lo anunciaron así, en un comunicado, los selenitas que la han mantenido en pie durante los últimos años. No solo mi matrimonio acabó en divorcio. La Luna cierra su ciclo este septiembre tras veinte años de posguerra.

(Publicado en ContraCultura, 27 de septiembre de 2012 

miércoles, septiembre 12, 2012

La literatura no la hacen solo los escritores


María Tenorio

En El Salvador hay muchos escritores, creámoslo o no. Más allá de la calidad de lo que producen, más allá de que publiquen libros, más allá de que tengan pocos o muchos lectores, hay gente que dedica su tiempo a hacer literatura. A escribir cuentos, poemas, ensayos y hasta novelas. A los más jóvenes, probablemente, les gustaría profesionalizarse. Muchos tienen el sueño de ganarse la vida decentemente trabajando en eso que les apasiona. Pocos pueden formarse o entregar su jornada laboral completa a ese quehacer creativo.

Es que los escritores no pueden hacer literatura ellos solos. Necesitan de otros profesionales para que su producción adquiera sentido: de editores que conviertan los manuscritos en libros, de libreros que vendan esos artículos, de periodistas y de críticos que orienten al público sobre qué leer, y, finalmente, de lectores que consuman esa producción. Todo ese encadenamiento de quehaceres y profesiones es lo que Tania Pleitez, en su estudio sobre el estado actual de la literatura salvadoreña, llama “tejido literario”. Sobre ese interesante texto quiero comentarles en los párrafos que siguen.

La investigación Literatura. Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador ha sido publicada por la Fundación AccesArte, en Salvador, en versión digital en CD. Se trata de un libro de 431 páginas que desmenuza las condiciones en que se ha producido, difundido y consumido literatura en el país en las últimas tres décadas, de 1981 al 2011. El estudio fue llevado a cabo entre el 2010 y el 2012 por Tania Pleitez Vela, con la colaboración de Susana Reyes.

El enorme valor de esta investigación, a mi juicio, es que hace descender a la literatura de la nube en que se la suele colocar para situarla con los pies en la tierra: como un campo de producción humana que tiene componentes creativos, de inspiración, pero también materiales, comerciales y de mercadeo. Tania explora las distintas instancias del tejido literario posando la lupa en el factor humano --material e inmaterial-- de cada una de ellas.

Entre carencias y deseos

De la lectura de este trabajo se concluye que las condiciones en las que se da la literatura en este país se caracterizan por las carencias y por los deseos. Como dije al principio, escritores hay, pues muchos tienen la voluntad de escribir y sueñan con ver sus manuscritos convertidos en libros. No obstante, como señala el estudio, faltan escuelas para autores. Hoy por hoy, solo la Universidad de El Salvador mantiene la carrera de Letras; la UCA cerró Letras antes del nuevo milenio y la Francisco Gavidia no sostuvo la carrera por mucho tiempo. Esta carencia es solventada de forma discontinua e insuficiente por talleres de formación en espacios tanto del sector público como del privado.

En el siguiente eslabón de la cadena aparecen los editores de literatura: la casa editorial del Estado, la DPI, y algunas editoriales comerciales publican a autores nacionales. Lo hacen para responder o para estimular a la escasa demanda nacional: las ediciones suelen constar de pocos cientos de ejemplares que, muchas veces, son comercializados durante largos periodos de tiempo si no es que terminan embodegados por lustros.

Las editoriales tendrían capacidad para producir más libros si los eslabones que siguen no fueran tan débiles. Tania Pleitez enfatiza que una de las mayores carencias en el tejido literario salvadoreño es la promoción ligada a la investigación. Para que los libros alcancen a su público es indispensable que los medios de comunicación ofrezcan una vitrina de lo que se produce en el país. Esa vitrina supone comentarios, notas críticas, análisis, reseñas, síntesis, que hablen sobre la producción literaria y la valoren, la recomienden, la promuevan, la difundan. Dos tipos de profesionales intervienen en este momento de la cadena: los críticos literarios y los periodistas culturales. Quienes ejercen esos oficios actualmente se pueden contar con los dedos de la mano. En este momento solo hay un suplemento literario impreso en el país: el Tres Mil del Diario CoLatino; los grandes periódicos apenas cubren, y de manera muy superficial, la producción literaria.

En relación con los libreros, el estudio de AccesArte apunta que ha habido mejores tiempos en el país para sus empresas. Sin embargo, como estamos hablando de literatura salvadoreña, cuando visitamos una librería notamos que la oferta nacional casi nunca ocupa los estantes más visibles, mucho menos las vitrinas; por el contrario, se encuentra en la parte trasera. Sin duda, se vende menos que los libros importados de México, Estados Unidos, Colombia o Argentina.

Al final de la cadena están los lectores. En El Salvador, tres de cada cuatro personas dice “leer libros”; sin embargo, los textos religiosos --y no los literarios-- son los más favorecidos. El estudio del PNUD (2009) que ofrece esos datos también revela que informarse y saber más es la razón que mueve a la mayoría de los lectores (58%), mientras una minoría (18%) asegura leer por placer y diversión.

El documento Literatura. Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador está disponible para leer en línea o descargar aquí.

(Publicado en ContraCultura, 12 septiembre 2012)

miércoles, agosto 01, 2012

Gineceo y creatividad doméstica

NAMA Gynécée 2.jpgMaría Tenorio

Mi blog Gineceo sale a la luz. Es un espacio dedicado a las artes manuales, las artesanías o las manualidades, como querramos llamarlas. En él me propongo, además de mostrar mi producción y revelar algunos secretos, visitar los sitios web de artistas que me inspiran o sorprenden con sus obras, sus técnicas y su capacidad de convocar grupos de gente con similares inquietudes. También quiero incluir entrevistas a salvadoreñas dedicadas a la creación manual.

La palabra “gineceo” tiene dos significados: uno floral y otro griego. El primero se refiere al conjunto reproductor de las flores, su parte femenina, conocida también como pistilo. El segundo sentido, de donde surgió el título de mi sitio web, hace referencia al área de las casas griegas de la antigüedad destinada a las mujeres. En en esa sección pasaban ellas la mayor parte de su día desarrollando sus actividades de forma bastante independiente de los hombres, quienes también disponían de su propio espacio, el andrón.

El gineceo griego solía ocupar la parte trasera de las casas y estaba compuesto por un patio central, una habitación con cama matrimonial, un cuarto grande y cuartos para las esclavas, entre otros. En el libro Los misterios del gineceo, Francois Lissarrague estudia la vida del gineceo a partir de dibujos en vasijas de cerámica y afirma que las griegas, en el hogar, estaban dedicadas principalmente al trabajo, la higiene y el orden. Esas imágenes representan mujeres hilando lana, extendiendo una tela, peinándose o acicalándose. Algunas veces ellas están acompañadas por niños pequeños y, excepcionalmente, por algún hombre que ocupa una posición marginal. También hacen su aparición pajarillos domésticos y alguna flor o ramita de mirto. Objetos propios de esas representaciones del gineceo son cofres, vasos, cestos, husos, telares, espejos, sillas, instrumentos musicales, collares.

Del gineceo así entendido rescato ese espacio femenino creador situado al interior de la casa. Lo relaciono directamente, en mi caso, con una producción y experimentación que, en gran medida, no tiene más propósito que el placer estético del color, las formas y las texturas. El gineceo es mi pequeño taller doméstico, con su mesa y sus repisas llenas de materiales y producción interrumpida. Pero también es cualquier otro espacio de la casa donde me siento a coser, dibujar o pintar. El gineceo también es un lugar para compartir con la gente de confianza --mis sobrinos son los usuarios que más lo frecuentan-- alrededor de unos pinceles, hilos y agujas, o recortes de fieltro.

La internet es parte consustancial de lo que transcurre en mi gineceo. La web me ha abierto a nuevas concepciones sobre la creatividad doméstica. La producción artística y artesanal de muchas personas --la mayoría, mujeres-- alrededor del mundo no está confinada a las paredes de la casa para ser despojada, luego, del sello de sus creadores en el mercado o las tiendas. Gracias a los blogs y las redes sociales, artistas de cualquier parte del mundo comparten sus procesos de creación y promueven sus productos terminados; se conectan entre sí para intercambiar técnicas, consejos e ideas; marcan tendencias en el universo de las artes manuales y las manualidades.

La creatividad doméstica, si no es impuesta como única opción, es un verdadero placer. En mi caso, por ejemplo, se trata de una práctica que realizo en mi tiempo libre y, por el momento, sin la presión económica de tener que ganarme la vida con ella. Mi trabajo como profesora universitaria cumple esa función, mientras que en el gineceo me dedico a “jugar” con materiales nobles como hilos, pinturas, telas, papeles, foamy, goma y con algunos objetos peligrosos como cuchillas y agujas.

Este día abro el Gineceo al público.

Fotografía: «NAMA Gynécée 2» por Marsyas - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 2.5 vía Wikimedia Commons.

miércoles, julio 18, 2012

Como niña de kínder

María Tenorio

¿Usted ha visto cómo los niños de kínder se la pasan jugando, experimentan con materiales, hacen “arte”, crean libremente? Antes de entrar en la seriedad de primer grado, ir al “cole” para ellos es maravilloso. Pues, la semana pasada experimenté en carne propia, por primera vez en la vida, una experiencia semejante a la de la escuela parvularia contemporánea: bailé, canté rap, recorté y pegué papeles de colores, dibujé y coloreé, modelé plastilina, escribí un cuento breve, representé una obra de teatro, e hice amigos de otras instituciones y de otros países. Me la pasé genial, aprendí mucho, y terminé agotada y sudada, como niña de kínder.

Todo eso lo viví en el taller de lectoescritura e interpretación creativa, titulado Pre-Textos, que tuvo lugar en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) del 9 al 13 de julio. Este espacio formativo es ofrecido, desde el 2007, por la Universidad de Harvard y su iniciativa Cultural Agents en distintos países del mundo para enseñar, combinando la literatura y el arte, cómo desarrollar en los jóvenes la curiosidad intelectual, estimular el pensamiento crítico y fomentar la participación ciudadana. El taller fue guiado por la académica norteamericana Doris Sommer, creadora de la iniciativa, y sus estudiantes Gabriela Poma-Traynor, salvadoreña, y Jerónimo Duarte, colombiano.

En este taller se mezclan, como ingredientes insustituibles, un fragmento de “alta” literatura, entendida esta como un texto desafiante intelectualmente para el nivel de los estudiantes; abundantes dosis de creatividad, expresada en diversidad de lenguajes; voluntad de participación activa de parte de todos los talleristas; y una sólida fundamentación crítica que retoma prácticas culturales latinoamericanas y elementos de teoría literaria. A continuación, le cuento, con algunos ejemplos, cómo fue la dinámica de Pre-Textos en su primera edición salvadoreña.

El primer día todos los participantes --profesores, artistas, capacitadores y algunos estudiantes-- recibimos un fragmento de dos páginas de Prometeo encadenado de Esquilo, un texto antiguo en verso, con muchas palabras rebuscadas y figuras literarias. Arrancamos con “la fábrica de tabaco” que consiste en que alguien lee en voz el alta el texto mientras los demás se dedican a una actividad manual. Para el caso, todos los talleristas diseñamos y produjimos portadas artesanales para el clásico griego. El equipo de Harvard traía planificada la jornada inicial con otras dinámicas como la de “retratos hablados”, “hazle preguntas al texto”, “intertexto” y “literatura de cordel”. La información sobre ellas está recogida en el Texto de partida disponible en línea. 

La creatividad la seguimos desplegando todos los participantes quienes, a partir del segundo día, nos volvimos facilitadores: guiamos actividades artísticas o lúdicas para continuar la exploración de las posibilidades de Prometeo. Así fue como algunos compañeros nos hicieron cantar rap a partir de los diálogos entre Hermes y el titán encadenado; otros nos pusieron a escribir cuentos y monólogos, a transformar objetos cotidianos en elementos de la obra, a producir sellos de foamy, a esculpir algún personaje, a tomar fotografías artísticas, entre otras dinámicas.

Este taller, que a simple vista parece un juego de niños, se alimenta de la reproducción de prácticas culturales latinoamericanas y teoría literaria. La dinámica del libro artesanal, por ejemplo, se inspira en las editoriales cartoneras que nacieron en Argentina a raíz de la crisis del 2001 y que han proliferado en distintas partes del continente, incluso en nuestro país. La fábrica de tabaco recupera la lectura en voz alta que un lector realizaba en las tabaqueras de Cuba desde el siglo XIX y que convirtió a sus trabajadores en uno de los sectores más cultos y politizados de la isla. El teatro foro, que desarrollamos en la cuarta jornada, viene del llamado “teatro del oprimido” del brasileño Augusto Boal, que promovía, en los años sesenta, la intervención voluntaria de personas del público en el escenario.

Uno de los principios del taller es el espíritu de riesgo, promovido por Paulo Freire, para fomentar el pensamiento libre y creativo. Esto implica, desde la posición del profesor, arriesgarse a no saber cómo saldrán las cosas, en vez de atenerse a un programa detallado de insumos, métodos y resultados. Como docente, Pre-Textos me cuestiona la forma de interactuar en el aula. La pregunta que me hago, por ahora, es ¿en realidad funciona esta metodología para que los estudiantes aprendan a disfrutar la lectura? El otro año, muy probablemente, me arriesgaré a romper paradigmas con mis alumnos hasta que todos quedemos cansados, pero contentos.

Enlaces:

Fotografía: Talleristas de Pre-Textos El Salvador

miércoles, julio 04, 2012

Bordando en inglés

María Tenorio

Desconozco cómo se llaman, en castellano, algunas de las puntadas con que decoro las muñecas de manta que estoy haciendo. Últimamente me ha dado por bordar a mano y, para recordar lo que sabía y adquirir nuevas técnicas, uso los dos mejores sitios web que he encontrado: Sarah’s Hand Embroidery Tutorials y Sarah Whittle, Contemporary Embroidery Artist. Ambos espacios, organizados de manera clara, presentan cada puntada con su nombre en inglés, su descripción y un conjunto de fotos que ilustran la ejecución y el acabado.

Un día de estos caí en la cuenta de que soy testigo de mi propio proceso de transculturación en el bordado: cómo adquiero un conocimiento práctico de otra cultura y lo integro en mi acervo de “bordados y puntadas”. También observo mi resistencia a adoptar, sin más, lo que no deja de resultar extraño. Así, el vestido de una de mis muñecas está bordado con distintas puntadas: seed stitch, diente de chucho, caballito y un rosetón hecho con spider web stitch. A mi descripción no le queda más que formularse en ingleñol o espánglish. Esa es la parte que me incomoda, donde me resisto: que no puedo decir todo en castellano.

Sin embargo, estoy encantada con los resultados. He podido autoinstruirme sobre puntadas que no tenía idea de que existían ni de cómo se hacían. Esto es el cambio cultural, la transculturación en escala micro. Por supuesto que ha ocurrido sin que nadie me amenace: yo misma he adoptado lo que me ha parecido bueno, incluso superior.

Intentando solventar la carencia lingüística, me puse a buscar manuales de bordado en español, como los de aquellas dos mujeres. Se trataba de encontrar traducciones para los nombres de las puntadas sin tener que inventármelos. La exploración fue frustrante; llegué a sitios de bordado muy mediocres, blogs anticuados, mal montados y con escasas instrucciones para las puntadas. Algunos simplemente ofrecían pésimas copias digitales de revistas con diagramas de indicaciones.

Más allá de los sitios instructivos, mi exploración en la web me ha hecho encontrar un mundo virtual de bordados que me revelan como esta actividad, que algunos juzgan como propia de viejitas, se renueva y se adapta a distintas estéticas. Algunas mujeres incluso llevan el bordado hasta el arte, combinándolo con el dibujo o la fotografía.

Tutoriales

La cultura anglo es más eficiente que la hispanohablante en la confección de manuales, instrucciones o tutorials. Las dos Sarah mencionadas, la una hindú, la otra inglesa, se han tomado el trabajo de producir completos y sencillos tutoriales, con fotos y breves explicaciones propias. Además, ambas abren sus sitios web a comentarios de las usuarias que los consultamos desde distintas partes del mundo. La Sarah hindú ha montado, además, un diccionario de imágenes, donde no son los nombres sino las fotos de las distintas puntadas las que conducen al tutorial.

Me pongo como contraejemplo de la superioridad cultural anglosajona en cuanto a la producción de manuales: me he desanimado rápidamente al intentar hacer un tutorial. Cuando tomo las fotos no me queda bien toda la serie, o me doy cuenta de que falta alguna foto crucial para completar el proceso. Cuando intento explicar un paso que debe hacerse no encuentro las palabras adecuadas (y los ejemplos están solo en inglés). En fin, me conformo con usar el conocimiento que otras han producido. Quiera o no quiera, el método de instrucción que tengo a la mano me hace que borde en inglés.

Cuando bordaba en español

Di mis primeras puntadas cuando tenía menos de diez años. Mi abuela materna me introdujo a las básicas: el hilván, el pespunte, el punto atrás, la cadenilla, el relleno, el diente de chucho y el caballito/punto de sombra. Cuando fui adolescente, mi abuela me enseñó su puntada “estrella”, la que ella adoraba: la palestrina, que consiste en una línea de nudos. A las mujeres de la familia nos pareció curioso el nombre y hasta pensamos que era inventado; pero, en mis recientes exploraciones de la realidad virtual, he encontrado la palestrina, con ese mismo nombre en inglés, como distinguida integrante de la familia de nudos o knot family.

Sin duda que los fundamentos recibidos me pusieron en posición ventajosa en el colegio de niñas donde también fui entrenada en el bordado. Así, no se me hizo imposible --como a la mayoría-- finalizar manteles para el día de la madre y pañuelos para el día del padre. En la casa podía consultar a mi madre o sus revistas de manualidades para aclarar dudas o solventar problemas en la ejecución de esas tareas tan femeninas que yo, lejos de rechazar, disfrutaba.

Cuando, el año pasado, quise ponerme a bordar busqué revistas en la web y me descargué varias, en inglés, en francés y en japonés. Me he hecho seguidora, en plataformas como Flickr y Pinterest, de mujeres que bordan (no tengo registrado ningún hombre que incursione en este maravilloso mundo) y de artistas del bordado. He compartido mis trabajos también en esos mismos espacios y me siento parte de esa comunidad imaginada, feminizada, de las que disfrutamos de herir la tela y dejar huellas con hilo.

Ilustración: Bordado de la autora, en proceso.

miércoles, junio 20, 2012

¿Dónde alivian ellas sus necesidades?


María Tenorio

Hace unos días vi a una niña que, ayudada por su madre, se disponía a activar sus esfínteres en una acera de Santa Tecla. No es una escena demasiado frecuente la del trasero descubierto de una criatura en plena calle, pero es entendible. Sobre todo si caemos en cuenta de que nuestras ciudades, por regla general, carecen de servicios sanitarios públicos en puestos de alto tránsito de peatones. ¿Dónde orinan y defecan las personas que trabajan en la calle, todos esos salvadoreños urbanos que viven de la rebusca, todos esos que son elevados a “símbolo” de la nacionalidad?

Me dispongo a presentar, en los próximos párrafos, los resultados de una encuesta imaginaria, no realizada. El instrumento se aplicaría a tres decenas de personas, entre las edades de 18 a 70 años, de ambos sexos, que laboran en dos zonas abiertas de la ciudad de San Salvador, a saber: los alrededores del Mercado Central capitalino y el cruce de las calles San Antonio Abad y avenida Bernal.

La mencionada encuesta confirmaría, con el sector masculino de esa población móvil, lo que usted y yo hemos visto: ellos irrigan muros, postes, árboles, canaletas, montarrascales, aceras... lo que sea. “Me coloco de espaldas a la calle y ahí mismo orino. Asunto arreglado”, diría un joven vendedor de 23 años que trabaja en los alrededores del Mercado Central de San Salvador. “Desde chiquito me acostumbré a orinar discretamente en la calle”, dice un caballero de 50 años que vende accesorios para celular en el semáforo de la avenida Bernal y la San Antonio Abad.

Ahora bien, cuando fantaseo las respuestas de las mujeres encuestadas, mi inventiva se convierte en signos de interrogación. (No es posible la discreción cuando para vaciar el vientre hay que dejar al descubierto una parte del cuerpo que debe estar siempre vestida. Las mujeres corremos con una enorme desventaja frente a los hombres en estos asuntos. Lo nuestro requiere de aislamiento. Imagínense que en vez de la niña con que inicio esta columna hubiera visto a una mujer adulta; sin duda habría pensado que la pobre estaba loca.)

Sigamos con la encuesta. A diferencia de las respuestas masculinas, que apuntarían a la calle cuando de orinar se trata, las mujeres dirían que acuden a diversos lugares para vaciar la vejiga o los intestinos. Una mujer de 60 años que vende aguacates y limones me explicaría que acude al servicio pagado del interior del Mercado Central, mientras la señora del puesto vecino le cuida la venta. “Tengo que subir muchas gradas y andar unos 10 minutos para llegar, pero es la opción más aseada, figúrese usted”, me diría.

“Como mi hermana trabaja en una pupusería aquí cerca”, apuntaría una vendedora de frutas en la Bernal, “ella consigue que me alquilen el baño cuando necesito”. “¿Ve usted allá atrasito?”, señalaría una señora con su índice derecho el muro medio derruido de una antigua casa, “pues allá huele fuerte porque ahí vamos muchas de las que trabajamos en este lugar”. “En ese parqueo público hay un servicio, si es que a esa pocilga se le puede llamar así”, diría una vendedora de pescado cuyo puesto queda afuera de la tienda Morena, frente al mercado.

Los resultados de la encuesta imaginaria mostrarían que, al carecer del mencionado servicio público de forma institucionalizada, la capital resulta poco amigable e incluso cruel con los salvadoreños que se ganan la vida en sus calles, ofreciendo productos de todo tipo. Esta carencia, tan antigua como las ciudades mismas, se vuelve más crítica en tanto más crecen y “se desarrollan” los núcleos urbanos.

Fotografía: "Trono", por Miguel Huezo Mixco

miércoles, junio 06, 2012

Publicar la tarea en la web


María Tenorio

Situémonos en la clase de redacción, en el primer año de universidad. Un grupo de alumnos producirá un paquete de textos en torno a un mismo tema. Dispondrá de varias semanas para pensar en un concepto de publicación, para escribir y editar los escritos, para hacer o escoger fotos o videos. Puede montar una revista, un blog, un sitio web, una cartelera, lo que se le ocurra. ¿Qué plataformas virtuales gratuitas puede usar para presentar su trabajo? Existen, entre otros, tres tipos de espacios que se pueden construir fácilmente: sitios web, blogs y plataformas de curaduría de contenidos.

(1) Los sitios web, en su sentido más “clásico” consisten en una colección de páginas que comparten un dominio y que se organizan jerárquicamente (hay unas más importantes que otras). Aquí tengo dos recomendaciones de plataformas: Wix y Google Sites.

El primer servicio permite montar, de manera intuitiva, el propio sitio web sobre una plantilla  preexistente, vistosa y sencilla, con sistema Flash. Si bien el perfil de los sitios Wix es promocional, la plataforma es adaptable para la educación. Según Kelly Tenkely, ha resultado fácil y emocionante para sus estudiantes montar un sitio web en Wix, tanto que siguen trabajando en la tarea aunque no se les exija.

La segunda plataforma, Google Sites, es un poco menos amigable, pero cuenta con plantillas para “Escuelas y educación”. Permite organizar una página de inicio variada, donde se van actualizando los contenidos de las distintas páginas web. Este servicio está integrado con otras funcionalidades de Google, tales como documentos de Google y Google Calendar. Para mí, que soy “gugleana” a morir, es ideal aunque no sea tan atractivo y dinámico como Wix. De hecho, lo estoy usando para mi sitio web de clase actual.

(2) Los blogs permiten publicar textos en chorrera, uno encima de otro, organizándolos mínimamente con etiquetas y pestañas. Son menos estructurados y complejos que los sitios web. Su uso en la educación está ampliamente documentado. En ciclos anteriores he asignado como tarea grupal el montar un blog y he quedado contenta con los resultados. Los muchachos despliegan su creatividad y ponen cuidado no solo en lo que escriben sino en cómo lo presentan. Dos servicios sugiero para crear un blog: Blogger y Wordpress.

Blogger está asociado con Google, pero no me ciega la pasión. Ahí está montado Talpajocote, que mantengo desde hace casi 5 años con Miguel Huezo Mixco. Blogger es un servicio amigable, que permite montar un blog atractivo y variado. Pero, si hoy me tocara escoger, me inclinaría por Wordpress: su caja de herramientas es mucho más organizada y el resultado final es más nítido. Como ejemplo les dejo 1001 trópicos de Mildred Largaespada.

(3) Las plataformas de curaduría de contenidos son una de las últimas tendencias en el mundo digital. Están orientadas a publicar, en una página web que semeja una cartelera, materiales que uno selecciona cuidadosamente (“cura”) de otros sitios web y comparte con sus lectores a través Facebook, Twitter u otras redes sociales. Me refiero a servicios como Scoop.it y Pinterest.  

Scoop.it permite crear una cartelera (“topic”) en la que uno cuelga distintos materiales, ya sea tomados de otros sitios web o producidos por uno mismo. Aquí les dejo “Autores de Centroamérica” y Escribir, editar, corregircomo muestra. El resultado es una suerte de blog arevistado. Para los efectos de la tarea de que hablo aquí, se puede forzar Scoop.it para publicar contenidos propios, por qué no.

Considerado como una red social, Pinterest ofrece una forma visual de coleccionar y compartir contenidos de la web. El usuario escoge fotos de otros sitios web y los organiza en las carteleras que ha creado. Como ejemplo les presento mis pizarrones. Si bien Pinterest es mejor amigo de lo ajeno, se puede adaptar para compartir materiales propios y, por tanto, sería aprovechable para el trabajo académico en cuestión. Bastaría con organizar varios escritos breves, con una imagen distinta cada uno, en una o más carteleras.  

He ofrecido algunas opciones, gratuitas todas y de uso intuitivo, para publicar un trabajo grupal en internet. El uso de nuevas tecnologías para la educación es como un polígono infinito que no cesa de desplegar nuevas facetas. Basta explorar la web para darse cuenta de que los profesores y los estudiantes alrededor del mundo emplean los recursos tecnológicos de mil maneras distintas. 

Ilustración: Sin título, por Denali

miércoles, mayo 23, 2012

El arte de El lugar más pequeño


María Tenorio

Dicen que vendrá a las salas de cine del país, El lugar más pequeño de Tatiana Huezo Sánchez. Ojalá que sea verdad pues es una película que, sin ninguna duda, vale la pena ver. No solo por lo que nos cuenta sobre la guerra civil, sino, sobre todo, porque aborda esa realidad histórica nuestra con extrema belleza. No en balde ha cosechado, hasta el momento, casi 40 premios cinematográficos alrededor del mundo. ¿Ha oído usted hablar de este documental filmado en Cinquera, Cabañas? ¿A usted le parece que un documental puede ser una obra de arte?

Hace pocos días, como parte del festival Ambulante, vi este documental mexicano sobre el conflicto armado que vivió nuestro país. Cuando me dirigía al cine, anticipaba encontrar los lugares comunes a que nos llevan los cineastas que tratan ese tema. Los tiroteos, cadáveres recientes, ropa ensangrentada, mujeres llorando desesperadas, niños confundidos, hombres armados, ruido de metralla, gritos de guerra. Imágenes de archivo de aquellos años bélicos. Monseñor Romero o los padres jesuitas. En cambio, El lugar más pequeño no presentó nada de eso. Me sorprendió al mostrarme un rostro muy distinto de mi país y de ese evento que lo ha dejado marcado.

La cinta trata sobre la nueva vida que, después de la guerra, ha emergido en el pueblo de Cinquera. Este fue completamente destruido por fuerzas de ambos bandos en los ochentas, obligando a sus pobladores a huir y dejar atrás, además de sus posesiones materiales, a más de uno de sus familiares muertos o desaparecidos. A partir de 1991 inició la refundación del pueblo, con el regreso de antiguos habitantes. Varios de ellos, caracterizados por su carisma y su expresividad, fueron “reclutados” por la cineasta para ser los personajes principales del documental. Los testimonios orales y las imágenes de la vida en ese pequeño lugar son la materia prima con que está hecha esta producción.

Este documental es una obra de arte. Tatiana Huezo ha puesto extremo cuidado y cariño en cada detalle del mismo, construyendo una película donde la armonía es preponderante. Armonía, según Wikipedia, “es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, y su resultado siempre connota belleza”. En una entrevista publicada en CinemaNet, la directora habla sobre el balance que ella buscaba en el tratamiento del tema: quiso dosificar el dolor y la alegría, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, de manera que ninguna de estas fuerzas se impusiera sobre su contrario. Lo consiguió. Su primer largometraje, su ópera prima, no es lacrimógena, no conmueve a fuerza de lágrimas. Al contrario, con discreción estética (si es que tal cosa puede decirse) y sin triunfalismos celebra la vida cotidiana, la capacidad de reinventarse, de personas de carne y hueso.

No se puede hablar sobre este documental sin mecionar el excepcional trabajo de fotografía. A cargo de Enrique Pardo, alcanza alturas poéticas en el paisaje natural, la lluvia, los insectos, el amanecer, las nubes, los objetos cotidianos, el diario vivir de los personajes. Me parece curioso que varias reseñas publicadas en medios digitales mexicanos dicen que Cinquera está situado en medio de la selva salvadoreña. ¿Selva en este país? Hay que ver la manera en que El lugar ofrece el verde de los montes y montarrascales, en pleno invierno, para entender cómo, desde otros países, esa exhuberancia es considerada selvática.

Además de la fotografía, la forma en que se conjugan voz e imagen de los personajes rompe con los moldes propios de los documentales y acentúa el carácter estético de esta producción. Explico con un ejemplo. Vemos en pantalla a una mujer callada, amasando requesón sobre una pila, mientras escuchamos su testimonio (asumimos que es el de ella) sobre los tiempos de la guerra. Este recurso de usar la voz en off, si bien me despitó en un principio, luego me generó la sensación de oír los pensamientos más profundos de la persona, como si estuviera leyendo un monólogo interior en una novela.

En El lugar más pequeño, la música es una ausente que no se extraña y que aparece, con la tormenta, al final de la historia. Sus creadores fueron Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman. La mayor parte del tiempo, en lugar de una banda sonora, destinada a crear emociones en los espectadores, escuchamos los sonidos y los silencios del ambiente.

Para finalizar, la directora, Tatiana Huezo Sánchez, nació en El Salvador de padre salvadoreño y madre mexicana. Muy pequeña se fue con su familia a México y, como ella dice, “Soy más chilanga que otra cosa y mi identidad es más mexicana”. Sin embargo, tiene una conexión afectiva con este país y, luego de su experiencia con el largometraje, un vínculo muy estrecho con el pueblo de Cinquera.

Documentación sobre El lugar más pequeño



miércoles, mayo 09, 2012

¿Usted está en Pinterest?

María Tenorio

Nadie me invitó, pero luego de cruzar un par de mensajes electrónicos, la gente de Pinterest me dejó entrar. Ocurrió hace casi tres meses. Yo vagaba por la web en busca de sellos tallados a mano para hacer impresiones caseras y di con esta nueva red social que se caracteriza por ser estética, visual, sencilla y que, hoy por hoy, acepta participantes solo por invitación. Desde un inicio, aunque no tenía ninguna idea de cómo funcionaba, Pinterest me atrapó. Aquí le cuento, por si usted todavía no ha conocido sus encantos, en qué consiste este fenómeno cibernético que ha alcanzado enorme popularidad en los últimos meses.

Pinterest es una red social que entra por los ojos: colecciona fotos --y sus enlaces-- en pizarrones virtuales públicos creados por los usuarios; además estos pueden ‘seguir’ los tableros que deseen y comentar los ‘pines’ de los demás. Como explica Silvina Moschini del periódico La Vanguardia, “El sitio es una suerte de plantilla de corcho virtual. Cuando los usuarios hacen ‘pin’ en una imagen, un producto o un contenido que les interesa, este es publicado en el tablón de anuncios online, y puede ser visualizado por otros navegantes”.

En mi caso, comencé por ‘pinchar’ manualidades de fieltro que encontraba en otros sitios web o en el mismo Pinterest, creando mi primer tablero para este material tan maravilloso. A medida que fui ‘descubriendo’ más cosas lindas, creé otras pizarras: de sellos tallados a mano, de ilustraciones, de manualidades hechas con corchos, de bordados, de papel maché, etc. Entonces me di cuenta de que muchos usuarios, donde sea que estén, comparten intereses estéticos y creativos conmigo. Así que comencé a ‘seguir’ sus tablones. Hace poco abrí mi cartelera con mis propias creaciones, la cual tiene 60 seguidores.

Esta red interactúa perfectamente con otros sitios web en varios sentidos. Primero, es posible moverse desde un pin hacia la página web donde se origina la fotografía para verla en su contexto original. Segundo, estando en cualquier sitio web los usuarios de Pinterest podemos pinchar una foto para integrarla a alguna de nuestras pizarras. Y, tercero, podemos colocar el botón del círculo rojo con la ‘p’ de Pinterest en nuestro blog o sitio web para que cualquier visitante lo pinche y lo comparta en sus carteleras.

Para los mercadólogos Pinterest resulta sumamente atractivo. Mucho del comercio electrónico o e-comercio se canaliza, hoy día, a través de los ‘pines’ de esta plataforma que tiene poco más de un año de vida. Según otro artículo de La Vanguardia, Pinterest es responsable del 17% de los beneficios generados por los medios sociales en los sitios de comercio electrónico; se pronostica que hacia fin de año la proporción ascenderá al 40%.

Sin embargo, esta plataforma todavía es anglocéntrica. El sitio web solo está en inglés y concentra sus usuarios en los Estados Unidos. Recientemente, divulga Mashable, Pinterest busca traductores para lenguas como francés, alemán, japonés, portugués y español. Si a usted le gusta el arte, el diseño (del tipo que sea), la fotografía, la arquitectura, la ilustración, las manualidades, el turismo o la cocina, dése una vuelta por pinterest.com y solicite una invitación. Le encantará usar este recurso cibernético para coleccionar imágenes. El peligro, como dice una propaganda turística colombiana, “es que te quieres quedar”. Pinterest es altamente adictivo.

Enlaces de interés:
Guía para principiantes, cómo usar Pinterest 
El blog de Pinterest en español

Ilustración: Original de Maurice Sendak, encontrada en Pinterest

miércoles, abril 25, 2012

Más muletillas salvadoreñas (y segunda parte)

María Tenorio ¿Será que podemos vivir sin muletillas? Imagínese usted a alguien que hable con tanta propiedad que jamás las emplee. Esa persona será excepcional. Si se tratara de un salvadoreño, no usaría “fijate” para introducirse en la conversación, tampoco diría “vaya, pues” para mostrar acuerdo y, mucho menos, intercalaría un “o sea” en medio de su perorata. Muletillas, recordemos, son esas expresiones que a fuerza de repetirse se vacían de significado, y marcan nuestra identidad o pertenencia a un grupo social. Con seguridad usted ha escuchado --y criticado-- las muletillas de otros, aunque no se ha percatado de las suyas propias. Suele ocurrirnos a todos.

En la primera entrega de este artículo comenté sobre dos tipos de muletillas: las que sirven para asentir o cerrar una conversación (“vaya pues”, “okey”, “chivo”) y las que llaman la atención de quien escucha (“fijate”, “mirá”, “callate”, “imaginate”, “bueno”). En esta entrega aludiré a las que nos sirven para aderezar sustantivos o adjetivos, para ganar tiempo y pensar en lo que queremos decir, para sacar más información a nuestro interlocutor y, por último, para buscar la complicidad de quien escucha. 

Para aderezar la palabra

“Lo que es”: expresión vacía de significado que pretende aderezar el sustantivo que acompaña con cierto sabor “técnico”. De tanto repetirse, se ha convertido en una muletilla odiosa. Es, además, perfectamente prescindible. El columnista Joaquín Samayoa aconsejó, hace algunos años, en La Prensa Gráfica: “suprima ‘lo que es’ y ‘lo que son’ antes de los sustantivos y verá que la comunicación es igualmente clara, pero mucho más fluida y agradable.” Esta muletilla ha permeado en sectores educados no solo de El Salvador, sino también de otros países hispanohablantes. Así, se la escucha en boca de médicos, sicólogos, economistas y todo tipo de profesionales. Es muy frecuente en empleados que ofrecen servicios (bancarios, turísticos, etc.) por teléfono. Ejemplos: “Ella acaba de manifestar lo que son síntomas de una cardiopatía”; “Quiero ofrecerle lo que es una tarjeta de crédito que incluye lo que es un seguro de vida y además carece de lo que es un pago mínimo”.

“Como (muy)”: se convierte en muletilla cuando se usa reiteradamente antes de un adjetivo para suavizarlo o para no comprometerse con su significado. Como explica Miguel Ángel Mendo en su blog sobre muletillas: “Por una parte facilita y promueve la inexactitud y la pereza al expresarse (‘era como azul’), por otro suaviza y ablanda lo que se dice, emborrona los contornos, puesto que acaba por no definir nada de manera clara y tajante (‘era como muy estúpido’).” Ejemplo: “Lo vi como triste y por eso no quise molestarlo”. Para ganar tiempo

“O sea”: se intercala en el enunciado como recurso para ganar tiempo mientras se piensa qué se quiere decir. En tanto sirve para diferir el habla, transmite un sentido de suspensión del discurso. Algunas personas la emplean de forma tan repetitiva que, además de cansar a sus interlocutores, se ganan el apelativo de “oseas”. Ejemplo: “Es que, o sea, vos, no sé cómo explicarte lo que pasó... o sea que estuvo bien feo”.
“Cómo se llama”: típica muletilla dilatoria que pareciera apelar a los conocimientos del interlocutor para completar la idea. Revela falta de concentración o pérdida de memoria. Su reiteración resulta exasperante para quien escucha. Ejemplo: “Fuimos al pueblo aquel, cómo se llama... Ataco, y visitamos a la cuñada de Juan, cómo se llama”. 

Para avanzar 

“Pues si”: se emplea cuando queremos sacarle más información a quien nos está contando algo o cuando la conversación llega a punto muerto. Sirve, por ende, para animar al interlocutor o como mero relleno en la plática. Ejemplos: “Pues si, seguime contando lo que te pasó en el viaje”; “--Eso fue todo. --Pues si. --Pues si, va.” Matías Romero, en su Diccionario de salvadoreñismos, incluye la expresión “pues si es que” como típica para iniciar un relato. Salarrué, famoso contador de cuentos, lo empleó de forma contraída en sus Cuentos de cipotes: “Puesiesque Chepete la conoció cuando iba al colegio con una criada sapurruca”. 

Para buscar la complicidad de quien escucha

“Veá” (verdá): se emplea luego de afirmar algo para buscar la aprobación o la complicidad de quien escucha. Su expresión oral va desde el “verdá” pronunciado sin la “d” final hasta el “va”, que se come varios sonidos intermedios. Denota inseguridad al hablar. Ejemplo: “¿Le ha parecido interesante este texto, veá?
Ilustración: "Kumafamily", de Pilipo.

viernes, abril 13, 2012

Muletillas salvadoreñas (primera parte)

María Tenorio

Me veo repitiendo, ante mis alumnos de redacción, que expulsen las muletillas de sus escritos. Afean la prosa y, como dice Daniel Cassany, “aportan nulo o poco significado, recargan la sintaxis y terminan convirtiéndose en tics repetitivos”. ¿De qué sirve escribir “el hecho de que”, “en cualquier caso”, “a raíz de que”, “de alguna manera”, “en función de”, “personalmente”? Pues no sirve de (casi) nada. Saquen de su texto esas expresiones y ganará en claridad y sencillez.

Sin embargo, independientemente de que embellezcan o afeen, las muletillas cumplen una función en nuestra expresión oral: le dan cierto carácter a nuestra habla mientras que, a los hablantes, nos otorgan sentido de pertenencia a un grupo social. Si nos escuchamos con atención, la reiteración de determinadas expresiones --como “vaya pues” o “fijate”-- nos diferencia, a los salvadoreños, de otros. Nuestra identidad se alimenta, entre otros factores, de la manera como hablamos el español y las muletillas son una marca propia de nuestra variedad dialectal.

Las muletillas no son exclusivas de El Salvador. Son un rasgo más de las identidades nacionales o regionales, que se suman a la comida típica, los símbolos identitarios, las artesanías y, en general, a la producción cultural asumida como propia. Ejemplos de muletillas de otros países son: de México, “órale” y “chido”; de España, “venga, vamos” y “vale”; de Chile, “cachái” y “weón”.

¿Qué muletillas son características del habla de los salvadoreños? Quiero proponer, a manera de una lista inicial e incompleta, algunas muletillas que, de tan usadas, son parte de nuestra identidad.

Para asentir o cerrar una conversación

“Va(ya) pues”: es una forma de asentir o de dar por finalizada una conversación, equivalente muchas veces al “okey”. Aunque para nosotros está totalmente desprovista del significado de “ir”, a los extranjeros les resulta gracioso que, a cada momento, les estemos indicando que se dirijan a algún sitio. Hace algún tiempo escribí sobre esta expresión, aquí les dejo el enlace. Ejemplo: -- “--Nos vemos mañana. --Va, pues.”

“Okey”: tomada de nuestra segunda lengua nacional, el inglés, se usa para decir que estamos de acuerdo con lo dicho o para pedirle a nuestro interlocutor que ya no insista, que hemos entendido. Ejemplo: “--No te olvidés de recoger al niño a las 4 de la tarde. --Okey, okey.”

“Chivo”: este adjetivo se convierte en muletilla cuando lo empleamos para asentir o expresar nuestro acuerdo con lo dicho. Ejemplo: “--¿Tomamos café el viernes en la tarde?” --Chivo.”

Para llamar la atención de quien escucha

“Fijate” (“fíjese”): sirve para introducir nuestra palabra --chisme, noticia o comentario-- en una conversación; para llamar la atención del interlocutor sobre lo que vamos a decir. Algunos extranjeros notan que empleamos el fijate cuando referiremos algo que no salió como esperábamos. No es exclusiva de nuestro país, como consta en el blog del muletólogo español Miguel Ángel Mendo.Ejemplo: “Fijate que la Meches tuvo un accidente.”

“Mirá” (“mire”): sirve para llamar la atención de quien nos escucha. Lo decimos tanto si el interlocutor nos mira como si no lo hace (es decir, lo usamos también por teléfono). No es exclusiva de los salvadoreños (también está reseñada en el citado blog), pero nosotros la empleamos con mucha frecuencia. Ejemplo: “Mirá, y ¿qué te dijo tu mamá sobre la fiesta de la otra noche?”

“Callate” (“cállese”): se usa para introducir un comentario de cariz negativo o lamentable; también para responder con información no esperada. Esta muletilla es una llamada a la complicidad y, en contra de su apariencia, no es nada pesada. Está incluida en el mencionado blog como una muletilla hispana. Ejemplo: “Callate, niña, ¿has visto qué terrible lo que pasó la otra noche?”

“Imaginate” (“imagínese”): introduce, o cierra, un relato extraordinario o que intenta serlo. Es decir, sirve para enfatizar que diremos (o hemos dicho) algo fuera de lo común. También aparece en el blog de Mendo, por lo cual no es solo salvadoreña. Ejemplo: “Imaginate que Luis y su novia acaban de cortar.”

“Bueno”: este adjetivo se vuelve muletilla al usarse como inicio de una exposición, para solicitar la atención a los oyentes o para expulsar el nerviosismo; asimismo, se emplea para abrir una participación en un diálogo. Además, sirve para responder afirmativamente o para expresar acuerdo. Ejemplos: “Bueno, esta mañana nuestro grupo expondrá el tema de la deforestación.” “--¿Me prestás tu bici? --Bueno, dale.”

En la siguiente parte de este artículo comentaré sobre muletillas tales como “veá” (“verdá”), “o sea”, “lo que es” y “pues si”. Si usted tiene comentarios, agradeceré los deje al final de esta página.

jueves, marzo 15, 2012

Guerra de los sexos en el lenguaje


María Tenorio

Hace algunos años, cuando leí El orden del discurso de Michel Foucault, me convencí, con él, de que el lenguaje “por más que en apariencia (...) sea poca cosa” tiene estrecha relación con el deseo y el poder. Es, en sí mismo, “el objeto del deseo” y el “poder del que quiere uno adueñarse”, dice este filósofo francés. Su enorme peso reside no en que revele la realidad, sino en algo más profundo: nuestro lenguaje construye nuestra realidad. Aprehendemos el caos interpretándolo, ordenándolo, jerarquizándolo, poniéndole nombre y atribuyéndole predicados. Así, pues, las palabras que usamos y las maneras en que las ponemos juntas modelan nuestra realidad; ellas cargan con lo que pensamos, con lo que deseamos y con lo que podemos hacer.

No me resulta extraño, entonces, que muchos intelectuales, profesores, escritores y periodistas hayan protagonizado en estos días una verdadera lucha en torno a la posición oficial de la Real Academia Española (RAE) sobre las guías de lenguaje no sexista. Este debate, a mi juicio, pone de manifiesto el deseo y el poder que habitan en el territorio de la lengua y sus usos.

Si no está usted al tanto de la cuestión se la cuento en breve: el pasado 4 de marzo el periódico El País, de España, publicó el artículo Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, firmado por Ignacio Bosque y suscrito por 26 académicos de la RAE. Bosque argumenta que los usos propugnados por esos manuales (él estudia nueve de ellos, todos españoles) son contrarios tanto al principio de economía que rige en la lengua como a las prácticas usuales de los hablantes. Además, dice que las guías han sido elaboradas, en su mayor parte, sin la participación de lingüistas, por lo que muchas de sus recomendaciones son contrarias a las normas. Arremete, en particular, contra el “desdoblamiento léxico” aconsejado por las guías: preferir “los ciudadanos y las ciudadanas” al tradicional “los ciudadanos”. Como dice el académico: “el rechazo a toda expresión del masculino destinada a abarcar los dos sexos es marcadísimo en las guías”.

Entre las abundantes reacciones, favorables y desfavorables, al artículo de Bosque quiero comentar la de Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la RAE y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid que apoya, como es lógico, la postura de la RAE. Su texto titulado El género no marcadoexplica con elemental claridad un aspecto lingüístico donde, a mi juicio, se pone en evidencia cómo la lengua construye, no de manera neutra ni imparcial, la realidad.

El masculino es, en castellano, el género que se impone “por defecto” o por default. Álvarez de Miranda lo explica así: “Cuando yo construyo una frase en que un adjetivo debe concordar con dos sustantivos, uno masculino y otro femenino, necesito que ese adjetivo (...) vaya en uno de los dos géneros. Uno cualquiera, en principio... Lo que no puede es no ir en ninguno, porque el ‘sistema’, para funcionar, necesita que uno se imponga por defecto”. Así, decimos “Juan y María están cansados de estar casados”. Por defecto, usamos el masculino.

Ahora bien, ese masculino por defecto ha sido y sigue siendo la norma en los campos de la actividad humana con mayor prestigio y poder. No es solamente una cuestión lingüística. La lengua da forma a la realidad. Veamos algunos ejemplos. En el terreno político, el masculino es el género no marcado: la mayor parte de gobernantes y funcionarios de alto rango son hombres; las presidentas, en tanto minoría, son el género marcado. En el gremio médico y en el académico, de forma semejante, el género no marcado es el masculino, la mayoría de médicos y de catedráticos son hombres; las médicas y las catedráticas son, todavía, una minoría.

Las guías de lenguaje no sexista, es cierto, contravienen principios lingüísticos al recomendar los desdoblamientos (las médicas y los médicos) y los circunloquios (las personas que ejercen la medicina) para “visibilizar” a las mujeres en el lenguaje. Una manera de entender la transgresión que proponen es que convierten al masculino --cuando se refiere a personas-- en un género marcado: es decir un género gramatical que alude a los hombres y solamente a ellos, así como el femenino es un género que se refiere a las mujeres y solo a ellas. En esa interpretación, el masculino se igualaría al género gramatical femenino y tendría que emplearse de la misma forma. Entiendo, pues, que al género masculino se le quita su cualidad de ser el género gramatical “por defecto” y eso no es poca cosa. Es el deseo “feminista” de desbancarlo de esa posición de poder: ser el sujeto (gramatical, personal, social, político, económico, etc.) por default.

Quiero concluir diciendo que no soy partidaria de usar  los desdoblamientos ni de los circunloquios: no soy partidaria de “marcar” el género masculino. Sin embargo, pienso que la lucha por la igualdad de derechos y de oportunidades entre mujeres y hombres sigue vigente, y que la forma como nos expresamos al hablar y al escribir no es ajena a esta guerra de los sexos. Es decir, que hay que buscar las maneras de incluir y de no discriminar sin atentar contra la economía del lenguaje. El bombardeo de artículos que han seguido al texto oficial de la RAE es, a mi manera de ver, un ejemplo de ese combate.

Ilustración: "Adán y Eva", de Fernando Botero